San Vicente

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San Vicente (Saint Vincent)

 
Departamento del centro-S de El Salvador, junto al Pacífico; 1 184 km2 y 209 900 h. Cap., la c. homónima (24 500 h).

Vicente, san

 
(m. 304) Mártir y diácono español. Fue torturado y muerto por orden de Daciano.
Ejemplos ?
Desde los graves hermanos de San Vicente de Paúl, que edifican al público, hasta los alegres histriones que lo divierten, todos concurren al misino objeto.
Verídicas noticias del Paraguay en las costas de San Vicente, de Chile en Santa Fe y Buenos Aires; del Perú en Chile y Colombia, y acercándonos a lo nuestro de ahora, -¿cómo dejar de hacerlo; noticias de las “Sierras del Plata”, en el Brasil, en el Paraguay, en la Argentina, y hasta en Chile?
Igualmente agradecemos el acompañamiento a la Mesa al señor Nuncio Apostólico Benniamino Stella y a la Iglesia Católica de Colombia en cabeza de Monseñor Alberto Giraldo, presidente de la Conferencia Episcopal Colombiana, y a Monseñor Francisco Múnera, Obispo de San Vicente del Caguán 12.
«De estos venerables varones pertenecen cuatro al Mediodía de España, y de los más célebres será de los que menos hablaré. «San Vicente Ferrer es el apóstol de Valencia; ¡cuántas santas leyendas podría referir de su vida!
l Gobierno nacional y los voceros de las Farc, reunidos durante los días 19 y 20 de enero de 2002 en Los Pozos, municipio de San Vicente del Caguán en presencia de la Comisión Facilitadora Internacional, la Organización de Naciones Unidas, la Iglesia Católica y considerando: Primero : que las partes reiteran que la salida política negociada es la vía para resolver el conflicto armado en Colombia, para lo cual harán todo su esfuerzo para continuar trabajando en un ambiente de confianza mutua con el ánimo de concretar acuerdos que permitan avanzar en el desarrollo del proceso.
Igualmente agradecemos al acompañamiento de la mesa del Señor Nuncio Apostólico Beniamino Stella, y de la Iglesia Católica de Colombia en cabeza de monseñor Alberto Giraldo, presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia y de monseñor Francisco Múnera, obispo de San Vicente del Caguán.
Desde sus más tiernos años descolló en él una vehemente afición a la náutica, a los viajes y a la astronomía, de tal modo que a los veinticinco años abandonó las cosas de la guerra (en que había dado pruebas de valor indómito, como gobernador de Ceuta que había sido en tiempo de las luchas con los rifeños), y se retiró a los Algarbes, donde, cerca del cabo de San Vicente, extremo occidental de Europa, en un sitio próximo a Sagres, fundó una villa que llamó Terra Naval, y que después llevó el nombre de Villa del Infante.
Lo es juntamente para distribuir el sobrante entre los departamentos de Sonsonate, San Vicente y San Miguel y de establecer desde luego Cátedras de Latín y filosofía para dar las constituciones de la Universidad y subalternos Institutos con informe de la Junta o Claustro que deba organizarse.
La Cámara Segunda de lo Laboral conocerá de los asuntos de trabajo ventilados en los Juzgados tercero y Cuarto de lo Laboral de la Ciudad de San Salvador, y de los ventilados en los Juzgados de los departamentos de La Libertad, Chalatenango, Cuscatlán, La Paz, San Vicente y Cabañas.
Más expansivo y razonador con respecto al exterminio de la Sociedad de San Vicente de Paúl, se aventuró a declarar que «ya diría más adelante las razones que tuvo para conducirse como se condujo con ella, haciendo saber, a buena cuenta, que en el asesinato de Burgos intervinieron tres paulistas».
Otras monjas, aun las más mortificadas, y acaso éstas sobre todo, eran alegres, con ingenua alegría infantil: gastaban chanzas, reían a carcajadas de cualquier cosa y comentaba jovialmente el libro del padre Boneta, entonces recién publicado, y que corría por los conventos, Gracias de la gracia, saladas agudezas de los Santos..., donde se referían mil chistes y donaires de bienaventurados legos, niños y varones tan graves como San Francisco de Borja, San Bernardo, San Vicente Ferrer.
Allí estaban la Virgen, San José y el Niño que movía la manita como para bendecir a los rapazuelos que lo contemplábamos boquiabiertos, mientras la china Mónica, alentada por un vasito de orines del Niño, que así llamaba el pueblo a la dulcísima aloja o chicha morada con que los religiosos agasajaban a la concurrencia, cantaba: «A los niños formales Dios los bendice; y a los que no son buenos les da lombrices. A la nana, nanita de San Vicente, que el Niño de la Virgen ya tiene un diente».