Salustio

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Salustio

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Puso con peregrina erudición notas, escolios, comentos, y correcciones á Julio Cesar en sus Comentarios; á Crispo Salustio; á Pompeyo Festo de Verborum significatione; á Pomponió Mela; á Plinio el mayor; á M.
-Y que le tengo yo para ese caso que ni mandado hacer -añadió don Salustio, el hombre que sacaba príncipes del bolsillo todos los días, como un muchacho puede sacar libras de pan.
Quien oye estas palabras de Catón o de Salustio, se imagina que todos o la mayor parte de los viejos romanos de aquel tiempo conformaban sus vidas con las alabanzas que se les prodigan.
Pues si vemos que fueron tales aquellos tiempos en que dicen fue virtuosa, inocente y hermosa la República romana, qué nos parece podemos ya decir o pensar de aquellos célebres romanos que les sucedieron, en cuya época, habiéndose transformado paulatinamente para usar de los términos del mismo historiador), de hermosa y buena se hizo muy mala y disoluta, es a saber: después de la destrucción de Cartago, como lo insinuó el mismo Salustio; y del modo que este historiador recopila y describe estos tiempos que pueden examinarse en su historia, es fácil observar con cuánta malicia y corrupción de costumbres, nacida de las prosperidades, se fueron corrompiendo hasta el desdichado tiempo de las guerras civiles.
CAPITULO XIX De La diferencia que hay entre el deseo de gloria y el deseo de dominar Pero hay notable diferencia entre el deseo de la gloria humana y el deseo del dominio y señorío; pues aunque sea fácil que el que gusta con exceso de la gloria humana apetezca también con gran vehemencia el dominio, con todo los que codician la verdadera gloria, aunque sea de las humanas alabanzas, procuran no disgustar a los que hacen recta estimación y discreción de las cosas; porque hay muchas circunstancias buenas en las costumbres, de las cuales muchos opinan bien y las estiman, no obstante que algunos no las posean, y procuran por ellas aspirar a la gloria, al imperio y al dominio, de quien dice Salustio que lo solicitan por el verdadero camino.
Dexó a la posteridad un tesoro apreciable en la multitud de sus cartas críticas Latinas y Castellanas; en sus traducciones del Griego y del Árabe; en la agudeza y vivacidad de sus poesias, y sobre todo en la inimitable historia de la guerra de Granada contra los Moriscos: historia en que Salustio y Tácito podrán excederle por antiguos, pero no disputarle el mérito de Historiador en la propiedad, en las sentencias, en la claridad, en el estilo, y en la pureza del lenguage.
Lo que sintió Cicerón de la República romana Pero si no hicieron caso del erudito escritor que llamó a la República romana mala y disoluta, ni cuidan de que esté poseída de cualesquiera torpezas y costumbres abominables y corrompidas, con tal que exista y persevere; digan cómo no solo se hizo procaz y disoluta, como dice Salustio...
Suscitose, pues, esta controversia en el tiempo en que ya uno de los Gracos había muerto, en cuyo gobierno -como escribe Salustio- tuvieron principio graves discordias...
Porque el cuerpo es esclavo, como lo dice también Salustio, «que nos servimos y aprovechamos del imperio del alma, y comúnmente del servicio del cuerpo».
Lo que escribe Salustio de las costumbres de los romanos...
Sea así enhorabuena: «porque después que su República (como escribe el mismo Salustio) se engrandeció con las leyes...
omo el actor famoso que, a fuerza de ser malo, no salía a escena sin recibir una tempestad de silbidos del público, y, por lo mismo, se empeñaba en menudear las salidas hasta hacerse aplaudir una vez siquiera, don Salustio, el obrero diplomático, no se da punto de reposo para hallar un monarca a quien regalar el Trono de España, y en su patriótico afán ni le asustan calabazas, ni desaires le intimidan, ni silbidos le espantan.