Pompeya


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Pompeya (Pompeii)

 
Antigua c. del S de Italia, en la Campania, al pie del Vesubio. C. de origen osco, recibió influjos etruscos, griegos y samnitas antes de convertirse en colonia romana (80 a C). Fue sepultada por las cenizas y lavas del Vesubio en la erupción del año 79.
Traducciones

Pompeya

SFPompeii
Ejemplos ?
He aquí que alguien no creería como la Campania y sobre todo Nápoles y la vista de su Pompeya (se deduce que Lucilio había nacido en Pompeya o había pasado su juventud) me han renovado la añoranza de ti: todo tú eres delante de mis ojos.
Se queja el alma del verso, como maltratada, de estos golpes de cincel. Y no parece cuadro de Vinci, sino mosaico de Pompeya. Caballo de paso no gana batallas.
En el año 79 de la Era Cristiana volvió a levantarse bravo y destructor, y como repuestas sus fuerzas con tan dilatado sueño; y destruyó a Pompeya, Herculano, Stabia y otras ciudades y aldeas, dando nueva configuración al terreno, causando la muerte de Plinio el Mayor, que quiso examinar de cerca aquel cataclismo, y ofreciendo ancho campo a la proverbial beneficencia del gran Tito.
Plinio el Joven, comparó ya con él este fenómeno en la carta con que refiere a Tácito la muerte de su tío y la destrucción de Pompeya.
Y un algo como opio adormece a los que ruegan y les da consuelo en su desesperanza de nunca volver a ser flores y canto; ramaje y fruto; cercano y junto... LOS ÚLTIMOS DÍAS DE POMPEYA.
El ferrocarril que va a Pompeya bordea casi constantemente la orilla del mar, y sus largas volutas de espuma van a desplegarse sobre una arena negruzca que parece carbón tamizado.
Los tres amigos descendieron en la estación de Pompeya, riendo entre ellos de la mezcolanza de lo antiguo y lo moderno que ofrecen espontáneamente al espíritu estas palabras: Estación de Pompeya.
El volcán, de excelente humor ese día, fumaba tranquilamente su pipa y, sin el ejemplo de Pompeya sepultada a sus pies, no se le hubiera creído de un carácter más feroz que Montmartre; por el otro lado, bellas colinas de líneas onduladas y voluptuosas como las caderas de una mujer, limitaban el horizonte; y más lejos el mar, que antaño traía birremes y trirremes ante las murallas de la ciudad, trazaba su plácida línea azul.
El aspecto de Pompeya es absolutamente sorprendente; el brusco salto de diecinueve siglos atrás asombra incluso a las naturalezas más prosaicas y menos comprensivas; dos pasos os llevan de la vida antigua a la vida moderna, y del cristianismo al paganismo; así que, cuando los tres amigos vieron las calles donde las formas de una existencia desvanecida se conservan intactas, experimentaron, por muy preparados que estuvieran por los libros y los dibujos, una impresión tan extraña como profunda.
o voy a hablar de las ruinas de Roma, que no he visto, y que quisiera ver, ni de las de Pompeya, o Herculano, con que he soñado muchas veces, vengándose así mi imaginación de la mala suerte, que no me ha permitido contemplarlas realmente.
—Vamos, Octavien -dijo Max-, no te pares horas enteras delante de cada vitrina, o se nos pasará la hora del tren y no veremos Pompeya.
—¿Quién podía sospechar —dijo Max a sus amigos—, que Pompeya, la ciudad grecolatina, estuviera protegida de forma tan románticamente gótica?