Persépolis

Persépolis

 
Antigua c. de Persia, cap. de los Aqueménidas, situada al NE de Shiraz. Construida por Darío I (518 a C).
Ejemplos ?
Europa tuvo constancia de esta escritura gracias al viajero italiano Pietro Della Valle, que hizo escala en Persépolis aproximadamente hacia el año 1621.
C., Alejandro Magno, en su campaña de Oriente, ocupó y saqueó Persépolis, incendiando el Palacio de Jerjes, para simbolizar quizá el fin de la guerra panhelénica de revancha contra los persas.
Persépolis (, Persépolis, literalmente 'la ciudad persa';, Tajt-e Yamshid 'el trono de Yamshid') fue la capital del Imperio persa durante la época aqueménida.
Mientras las capitales administrativas de los reyes aqueménidas fueron Susa, Ecbatana y Babilonia, la ciudadela de Persépolis mantuvo la función de capital ceremonial, donde se celebraban las fiestas de Año Nuevo.
Los griegos tomaron Babilonia y las ciudades de Susa, Persépolis y Ecbatana, siendo Persépolis incendiada para vengar la destrucción de Atenas durante la invasión persa a Grecia.
Debido al carácter expansivo que adquirió Persia con la subida al trono de Ciro II y sus sucesores, la cosmovisión persa estaba compuesta, además, por elementos provenientes de Egipto, Babilonia, Grecia y el resto de sus conquistas territoriales. Una de las mayores muestras del desarrollo material persa, es la ciudad de Persépolis.
Destacan los revestimientos de ladrillos esmaltados polícromos o cerámica vidriada, entre los que el más conocido es el llamado "friso de los Arqueros" o "de los Inmortales" del palacio de Susa; cabe mencionar igualmente el "friso de los portadores de ofrendas" del palacio de Persépolis, y el puente de Davazdah cheshmeh en la ciudad histórica de Amol.
Elaboró una red de caminos con los que se pretendía unir las diversas partes del imperio, el más famoso de los cuales es el Camino Real de Susa a Sardes, y también palacios y monumentos en las capitales: Susa y Persépolis.
Otras grandes ciudades abandonadas, como Palmira, Persépolis o Tebas, dejaron tras de sí ruinas que marcaban sus emplazamientos y mostraban su antiguo esplendor, pero de la imperial Nínive, incluso su extensión era una mera conjetura.
Se concreta en construcciones de gran monumentalidad, como los grandes palacios reales, entre los que cabe citar el de Ciro en Susa o los de Darío y Jerjes en Persépolis.
Sus creadores fueron los emperadores Darío y su heredero Jerjes, quienes la convirtieron en la capital del imperio; no obstante, la ciudad siguió creciendo durante dos siglos más hasta que fue destruida por Alejandro Magno. Persépolis se ubicaba en la zona central del territorio persa y en ella estaba ubicado el centro neurálgico del emperador y, además, la ciudad estaba protegida por una enorme fortaleza.
Construida en una región remota y montañosa, Persépolis era una residencia real poco conveniente y era visitada principalmente en primavera.