Pelión

Pelión (Pílion)

 
Macizo montañoso de Grecia Central, junto al mar Egeo; 1 651 m. Patria de los centauros y lugar de procedencia de los argonautas, según la mitología griega.
Diccionario Enciclopédico Vox 1. © 2009 Larousse Editorial, S.L.
Ejemplos ?
Solamente dejó la lanza ponderosa, grande y fornida del eximio Eácida, porque Aquileo era el único aqueo capaz de manejarla: había sido cortada de un fresno de la cumbre del Pelión y regalada por Quirón al padre de Aquileo, para que con ella matara héroes.
Al que más iba a decir, junto con sus palabras la garganta la cólquide le cortó, y despedazado lo sumergió en las calientes aguas, que si con sus aladas serpientes no se hubiese ido a las auras, 350 no exenta hubiera quedado de castigo: huye alta sobre el Pelión sombrío, del Filireo los techos, y sobre el Otris, y por el suceso del viejo Cerambo esos lugares conocidos: él, con ayuda de las ninfas sostenido en el aire con alas, cuando la pesada tierra fuera enterrada por el ponto que la inundaba, 355 huyó, él no enterrado, de las ondas de Deucalión.
Tales pensamientos revolvía en su mente, sin moverse de aquel sitio, cuando se le acercó Aquileo, cual si fuese Ares, el impetuoso luchador, con el terrible fresno del Pelión sobre el hombro derecho y el cuerpo protegido por el bronce, que brillaba como el resplandor del encendido fuego o del sol naciente.
A los magnates gobernábalos Protoo, hijo de Tentredón. Los que habitaban a orillas del Peneo y en el frondoso Pelión, tenían pues, por jefe al ligero Protoo.
Quiero que algún joven, herido por la misma flecha que yo llevo clavada, reconozca, leyéndome, las señales del fuego que le consume, y tras larga admiración exclame: «¿Por dónde este poeta ha penetrado y descubierto mis ocultos dolores?» Yo me atreví, aun lo recuerdo, y no me faltaba el aliento necesario, a cantar la lucha de los dioses contra Gías, el de los cien brazos, cuando la Tierra sació su horrible venganza y el Pelión cayó derrumbado con el arrogante Osa, que pretendía escalar el Olimpo.
Había infundido gran terror en el ánimo de Jove la audacia de aquella juventud, que intentaba con la fuerza de sus brazos colocar el Pelión sobre las cumbres del Olimpo; ¿mas qué podían Tifeo y el robusto Mimante, Reto, Porfirión el de estatura colosal, y Encélado, que por dardos vibraba troncos arrancados de cuajo, contra la égida resonante de Palas?
150 Y para que no fuera que las tierras más seguro el arduo éter, que aspiraron dicen al reino celeste los Gigantes, y que acumulados levantaron hacia las altas estrellas sus montes. Entonces el padre omnipotente enviándoles un rayo resquebrajó el Olimpo y sacudió el Pelión del sometido Osa.
Al cual una vez hubo ascendido y los enfrenados cuellos de los dragones 220 acarició y con sus manos sacudió las leves riendas, sublime es arrebatada y sometido el tesalio Tempe abajo mira y a arcillosas regiones acopla sus sierpes: y las que el Osa ofrece, las hierbas que el alto Pelión, y el Otris y el Pindo, y que el Pindo mayor el Olimpo, 225 observa, y las que complacen, parte de raíz saca, parte abate con la curvatura de su hoz de bronce.
LA NODRIZA ¡Ojalá que la nave Argos volase a la Cólquide y a las cerúleas Symplégadas, y nunca cayese en tierra el pino cortado en las selvas del Pelión, ni la hubiesen armado de remos los héroes muy ilustres que fueron a conquistar el vellocino de oro de Pelias!
Yo misma, abandonando traidoramente a mi padre y a mi familia, te acompañé a Yolcos el del Pelión con más ligereza que prudencia, y maté a Pelias (cuando la muerte es el peor de los males), valiéndome de sus mismas hijas, y te liberté de todo temor.
Ofrezca el soldado su pecho a los dardos del enemigo, y conquiste con su sangre un nombre inmortal; corra el avaro, tras las riquezas, y al naufragar, beba con perjura boca las olas salobres que barrieron su nave, y sea mi destino languidecer en las contiendas de Venus, y que la muerte me sorprenda en medio de sus placeres, y que alguno, con los ojos arrasados de lágrimas, diga en mi funeral: «Tu muerte ha sido en todo conforme con tu vida.» XI El pino arrancado de la cumbre del Pelión abrióse el primero una ruta peligrosa por las olas asombradas del mar, y sorteando con audacia los escollos, que le salieron al paso, trajo de regreso, cual rico botín, el carnero de áureos vellones.
Que su masa le oprima la garganta y hará las veces de herida el peso.” Dijo y, arrancado por las dementes fuerzas del austro, 510 por casualidad un tronco que hallara, lo lanzó contra su vigoroso enemigo, y ejemplo fue, y en poco tiempo desnudo de árbol el Otris estaba ni tenía el Pelión sombras.