Ejemplos ?
Obregón y José A. Araiza. Capitanes Primeros: S. Amézquita Liceaga, Pantaleón Pineda, José Ma. Tapia, Francisco Herrera. Subteniente Manuel H.
-Sostuve yo con el letrado hijo mío que los primeros concurrentes al Pantaleón de lustre habían de ser los que finaran en el servicio de la causa liberal de los ensalzaos que mandamos ahora.
Seleccionamos los casos de los 28 desaparecidos de 1966, (CI N°68); la desaparición forzada de Edgar Fernando García, Sergio Saúl Linares Morales y Rubén Amílcar Farfán, (CI N°48); la desaparición forzada de miembros de la Central Nacional de Trabajadores, (CI N°51); la desaparición forzada de América Yolanda Urizar Martínez de Aguilar, Ana Lucrecia Orellana Stormont, Edgar Raúl Rivas Rodríguez, María Angela Ayala Saravia y Rosa Estela Pérez Villaseñor, (CI N°22); la desaparición forzada de José Arnoldo Guilló Martínez,(CI N°41); la desaparición forzada de miembros del Sindicato Azucarero del Ingenio Pantaleón...
Carvajal, que ahorcó al padre Pantaleón con el breviario al cuello, sólo porque en el bendito libro había escrito con lápiz estas palabras: «Gonzalo es tirano», tenía capricho en dar pasaporte para el mundo de donde no se vuelve al revoltoso y acaudalado don Diego.
excelentísima, neo por todos los cuatro remos, sostuviendo su derecho de que se dejara intanta la sepoltura, por respeto a los huesos, que asina juesen de varón humano como de animal cuadrúpedo, no eran los llamados a residir en el Pantaleón de ésa, hecho para gente de muchas campanillas, como V.
Quizá Pantaleón, pues fue contemporáneo de Caviedes, es uno de los tipos que campean en el libro de nuestro original y cáustico poeta.
El carpintero, que había oído con indiferencia las anteriores palabras del chico, pareció ahora vivamente interesado, concluyendo por dar entero crédito a la noticia, pues don Pantaleón, el autor del mensaje, viejo guarda de la mina, era un hombre formal, incapaz de molestar a un camarada con una broma de mal gusto.
Pero Pantaleón, no sólo gozaba del prestigio que da la ciencia, sino que su cortesanía, su juventud y su vigorosa belleza física formaban contraste con la vulgaridad y aspecto del mercedario y los gallegos.
Así se explica que el capellán no tardase en comprender y adquirir pruebas de que entre Pantaleón y Gertrudis existían lo que, en política, llamaba uno de nuestros prohombres connivencias criminales.
Una hora después, Verónica, afectando serenidad de espíritu, se dirigió al trapiche e hizo llamar al médico. Pantaleón se presentó en el acto, creyendo que se trataba de asistir a algún enfermo.
La condesa, con el tono severo de un juez, lo interrogó sobre las relaciones que mantenía con Gertrudis, y exasperada por la tenaz negativa del amante, ordenó a los negros que, atándolo a una argolla de hierro, lo flagelasen cruelmente. Después de media hora de suplicio, Pantaleón estaba casi exánime.
La energía del infortunado Pantaleón no se desmintió ante la feroz amenaza, y abandonando el aire respetuoso con que hasta ese instante había contestado a las preguntas de su ama, dijo: -Hazlo, Verónica, y dentro de un año, tal un día como hoy, a las cinco de la tarde, te cito ante el tribunal de Dios.