Ejemplos ?
La boca avecina al labio, A heredarle el alma, adonde Como llegó Venus muerta, Alterna muerte matóles. Ay Píramo!, ay, Tisbe nueva!
Él solo escribió Sólo en Dios la confianza, representada en 1643; Todo sucede al revés, continuación de Los Médicis de Florencia de Diego Jiménez de Enciso y la comedia burlesca Píramo y Tisbe, los dos amantes más finos (1668).
Actualmente hay al menos dos obras suyas editadas: Comedia famosa de Píramo y Tisbe, con estudio y edición de Pedro Correa Rodríguez (Eunsa, Zaragoza, 1977) y La conquista de Cuenca y primer dedicación de la Virgen del Sagrario.
Así es prometedor su futuro en sericultura tropical. Una historia de amor entre Píramo y Tisbe explica el color de sus frutos. Jardinera Maclura tricuspidata Zhao Weiguo, Pan Yile, Zhang Zhifang Jia Shihai, Miao Xuexia & Huang Yongping.
Violos y, al reconocerlos, mármol obediente al duro cincel de Lisipo, tanto no ya desmintió lo esculto como Píramo lo vivo, pendiente en un pie a lo grullo, sombra hecho de sí mismo, con facultades de bulto.
Él, que más tarde había salido, huellas vio en el alto 105 polvo ciertas de fiera y en todo su rostro palideció Píramo; pero cuando la prenda también, de sangre teñida, encontró: “Una misma noche a los dos”, dice, “amantes perderá, de quienes ella fue la más digna de una larga vida; mi vida dañina es.
Pero después de que, demorada, los amores reconoció suyos, sacude con sonoro golpe, indignos, sus brazos y desgarrándose el cabello y abrazando el cuerpo amado sus heridas colmó de lágrimas, y con su llanto el crúor 140 mezcló, y en su helado rostro besos prendiendo: “Píramo”, clamó, “¿qué azar a ti de mí te ha arrancado?
Píramo, responde. La Tisbe tuya a ti, queridísimo, te nombra; escucha, y tu rostro yacente levanta.” Al nombre de Tisbe sus ojos, ya por la muerte pesados, 145 Píramo irguió, y vista ella los volvió a velar.
a ciudad de Babilonia --famosa, no por sus muros-- (fuesen de tierra cocidos o sean de tierra crudos), sino por los dos amantes, desdichados hijos suyos, que, muertos, y en un estoque, han peregrinado el mundo-- citarista dulce, hija del Archipoeta rubio, si al brazo de mi instrumento le solicitas el pulso, digno sujeto será de las orejas del vulgo: popular aplauso quiero; perdónenme sus tribunos. Píramo fueron y Tisbe, los que en verso hizo culto el licenciado Nasón (bien romo o bien narigudo) dejar el dulce candor lastimosamente oscuro al que túmulo de seda fue de los dos casquilucios moral que los hospedó; y fue condenado al punto, si del Tigris no en raíces, de los amantes en frutos.
70 Muchas veces, cuando estaban apostados de aquí Tisbe, Píramo de allí, y por turnos fuera buscado el anhélito de la boca: “Envidiosa”, decían, “pared, ¿por qué a los amantes te opones?
La Parca, en esto, las manos en la rueca y en el huso, como dicen, y los ojos en el vital estatuto, inexorable sonó la dura tijera, a cuyo mortal son Píramo, vuelto del parasismo profundo, el acero que Vulcano templó en venenosos zumos, eficazmente mortales y mágicamente infusos, valeroso desnudó y no como el otro Mucio asó entrépido la mano, sino el asador tradujo por el pecho a las espaldas.
Sólo me encontré el otro día en la calle a un poeta, que de bonísima voluntad y con mucha cortesía me dio un soneto de la historia de Píramo y Tisbe, y me ofreció trecientos en mi alabanza.