Orestes

Orestes

 
mit. Hijo de Agamenón y de Clitemnestra.
Ejemplos ?
ELECTRA. HELENA. HERMIONE. CORO DE MUJERES ARGIVAS. ORESTES. MENELAO. TINDAREO. PÍLADES. UN MENSAJERO. APOLO. UN FRIGIO .
ELECTRA ¡Oh queridísimo, cómo me ha regocijado tu sueño! ¿Quieres que alce tu cuerpo y lo ponga en pie? ORESTES ¡Sí, por cierto, cógeme, cógeme!
Necesitaba discurrir algo muy nuevo, sonoro, retorcido y alambicado para que tan preciosa confesión fuese digna del autor de Orestes y digna de Electra.
¿Cómo ¡oh desdichada Electra! habéis matado a vuestra madre tú y tu hermano, el miserable Orestes? No me desdoro de hablarte, pues atribuyo ese crimen á Febo.
Enrique terminó por decir: —Che, si usted necesita datos científicos para sus cosas, yo tengo en casa una colección de revistas que se llaman Alrededor del Mundo y se las puedo prestar. Desde ese día hasta la noche del gran peligro, nuestra amistad fue comparable a la de Orestes y Pílades.
Su prolongada y sangrienta tragedia reproduce hoy todos los horrores que refleja en nuestros días el teatro antiguo; y sus hijos ofrecen en espectáculo al mundo de los cristianos otros tantos Orestes y Agamenones, Eteocles y Polinices.
No rehuyas la conversación, no cierres la puerta de tu casa, ni sepultes el atribulado semblante en las tinieblas; ten siempre cerca de ti un Pílades que consuele a Orestes; en tales casos la amistad es un bálsamo que cicatriza profundas llagas.
Y desde entonces languidece el miserable Orestes, consumido por un mal cruel; y yace tendido en su lecho, y la sangre de su madre le produce furores, pues temo nombrar á las Diosas Euménides que le aterran.
Sócrates No te acusaré de querer rebelarte contra tu madre con el furor de un Orestes, de un Alcmeon o de cualquier otro parricida.
En el mismo día habían entrado en el convento, juntos pasaron el noviciado y el mismo obispo les confirió las sagradas órdenes. Eran, digámoslo así, Damón y Pithias tonsurados, Orestes y Pílades con cerquillo.
Me inquieta, en efecto, tu débil respiración. ORESTES ¡Grato alivio del sueño, oh remedio de nuestros males, cuán á propósito y con cuánta dulzura has venido a mí!
ELECTRA Dulce servicio es ese, y no me niego á cuidar con mis manos de hermana los miembros fraternos. ORESTES Pon tu pecho contra mi pecho, separa de mi faz mi cabellera encrespada, porque apenas si veo con mis ojos.