Olimpia

Olimpia (Olympía)

 
C. y centro religioso de la antigua Grecia, sede de un templo dedicado a Zeus, el más importante del mundo griego antiguo, con cuyo culto se relaciona la celebración de los juegos olímpicos.
Diccionario Enciclopédico Vox 1. © 2009 Larousse Editorial, S.L.
Traducciones

Olimpia

Olimpia
Ejemplos ?
El recuerdo de Clara se había borrado, solo pensaba en Olimpia y gemía y sollozaba: ―Estrella de mi amor, ¿por qué te has alzado para desaparecer súbitamente y dejarme en una noche oscura y desesperada?
Al poco de mandar buscar, de aquellas Oberto pudo hallar copia no avara, y a Olimpia hizo vestir, aunque con pena de no poderlo hacer de otra más buena.
La reunión era numerosa y brillante. Olimpia apareció ricamente vestida, con un gusto exquisito, Todos admiraron la perfección de su rostro y de su talle.
El concierto empezó. Olimpia tocaba el piano con una habilidad extrema, e interpretó un aria con voz tan clara y penetrante que parecía el sonido de una campana de cristal.
Nataniel estaba fascinado; se encontraba en una de las últimas filas y el resplandor de los candelabros le impedía apreciar los rasgos de Olimpia.
La mira y familiar rostro le evoca, y más cuanto más cerca se avecina: a Olimpia ve, y Olimpia en verdad era, que aquel premio cobró su fe sincera.
Pero acabó por extrañarse de que Olimpia permaneciera en la misma posición, igual que la había descubierto la primera vez a través de la puerta de cristal, sin ninguna ocupación, sentada junto a la mesita, con la mirada fija, invariablemente dirigida hacia él; tuvo que confesarse que no había visto nunca una belleza como la suya, pero la imagen de Clara seguía instalada en su corazón, y la inmóvil Olimpia le fue indiferente, y solo de vez en cuando dirigía una mirada furtiva por encima de su libro hacia la hermosa estatua, eso era todo.
Involuntariamente miró hacia la estancia de Spalanzani. Olimpia estaba sentada, como de costumbre, ante la mesita, con los brazos apoyados y las manos cruzadas.
Sin embargo, a medida que miraba más y más a través de los prismáticos le parecía que los ojos de Olimpia irradiaban húmedos rayos de luna.
Creyó que ella veía por primera vez y que sus miradas eran cada vez más vivas y brillantes. Nataniel permanecía como hechizado junto a la ventana, absorto en la contemplación de la belleza celestial de Olimpia...
Se sentó de nuevo para terminar la carta a Clara, pero una mirada hacia la ventana le hizo ver que Olimpia aún estaba allí sentada, y al instante, empujado por una fuerza irresistible, cogió los prismáticos de Cóppola y ya no pudo apartarse de la seductora mirada de Olimpia hasta que vino a buscarle su amigo Segismundo para asistir a clase del profesor Spalanzani.
No menos se mostró el conde contento de ver al rey que el rey de ver al conde; y luego que con tierno sentimiento las muestras de amor uno a otro responde, a Oberto narró Orlando el perdimiento de Olimpia, a cuyo amor no corresponde el pérfido Bireno que debía menos que nadie hacer tal felonía.