OLAS

OLAS

 
polít. Siglas de Organización Latinoamericana de Solidaridad.
Ejemplos ?
III Hermoso es contemplar el sol en el confín vertiendo sobre el mar sus olas de carmín; y es bello al descender bañado en tibia luz un rayo del crepúsculo al nacer.
El mar estaba oscurísimo; más oscuro que visto desde la cubierta del laúd. Creyó distinguir una mancha blanca, un fantasma que flotaba a lo lejos sobre las olas, y nadó hacia él.
Un instante, uno solo, cundió el pánico entre los tripulantes; pero después se impuso el ánimo esforzado de aquellos hombres habituados a disputar casi todos los días la existencia a las olas en las más trágicas lides.
¡Oh cisne moreno!, cuyo lago tiene Lotos de saetas, olas de naranjas Y espumas de rojos claveles que aroman Los nidos marchitos que hay bajo sus alas.
De pronto, envuelto en olas de luz apacible, Lucía vio a un precioso Niño: una criatura que sonreía, que tendía los bracitos, y a quien la monja recibió enajenada en ellos.
El día era espléndido; desde el cenador en que habíanse guarecido nuestros tres famosos prohombres, situado a espaldas del ventorrillo en una de las accidentaciones del monte -un monte pelado y rojizo sobre el que sólo verdegueaban los rústicos pabellones-, divisábase la carretera de la que cada ráfaga de viento arrancaba un remolino de polvo de oro, la arenosa playa donde morían las olas desdoblándose con plácido murmullo; la vía del ferrocarril, que pone en comunicación algunos de los pueblos de la costa levantina, y el mar que fulgía bajo un cielo espléndido, como un inmenso zafiro, surcado por cien barcas pescadoras de blanquísimo velamen.
Cerró la noche, pero en medio de la oscuridad voló un brillante cohete desde la costa al buque embarrancado; el cohete arrojó un cable, quedó establecida la comunicación entre los náufragos y la costa, y pronto una linda joven fue transportada en la canasta de salvamento por sobre las olas encrespadas y furiosas; y se sintió infinitamente dichosa cuando, poco después, tuvo a su lado, en tierra firme, a su joven esposo.
-Poique me parece -continuó el patrón, siempre gritando para poder dominar los agudos silbos del viento y el rugir de las olas- que esto va tomando malas jechuras y que el Sudeste viée cargao de muchísimas esazones.
El mar sacudía sus hirvientes olas con furor creciente; el viento azotaba como con invisibles látigos el dorso de las olas que se encrespaban al poderoso castigo; en el cielo amontonábanse las nubes cerrando el paso a los rayos del sol, que ponía en ellas fantásticos cárdenos matices de un fulgor amarillento.
Afrodita la llaman los dioses y hombres, porque nació en medio de la espuma, y también Citerea, porque se dirigió a Citera. Ciprogénea, porque nació en Chipre de muchas olas, y Filomedea, porque surgió de los genitales.
Había transcurrido un largo tiempo, y la botella había sido dejada, vacía, en un rincón; mas he aquí que -si la cosa ocurrió durante el viaje de ida o el de vuelta, la botella no lo supo nunca a punto fijo, pues jamás desembarcó- se levantó una tempestad. Olas enormes negras y densas, se encabritaban, levantaban el barco hasta las nubes y lo lanzaban en todas direcciones; se quebró el palo mayor, un golpe de mar abrió una vía de agua, y las bombas resultaban inútiles.
-le preguntó el timonel. -Las olas nos jarían peazos contra la escollera -repúsole aquél, y tras breves instantes de silencio. -Lo que sa menester -dijo con expresión fría y resignada- es que uno pruebe llevar un cabo -y después, dirigiéndose a sus cornpañeros, gritó-: A ver, muchachos, un cabo.