Ejemplos ?
Tú tienes mucha más fuerza que yo. ¡Por los clavos de Cristo, señá Nicolasa! No se aflija su mercé ni me aflija suponiendo cosas indignas e imposibles.
Declaro que si yo no estuviera tan segura de mí y de ti me arrepentiría de lo hecho como del más osado y peligroso disparate. -Pues mire su mercé, señá Nicolasa, bien hace en no arrepentirse y mejor aún en no creer disparate lo hecho.
Porque fue mucho lo que se opuso al casamiento de Toto, y muchísimo más misiá Nicolasa: no podían concebir cómo sangre de Herreras y Rebolledos fuera a mezclarse con la de aquella zambita, hija de un borracho y de una mujer tan de todo el máiz como Encarnación.
Temo por el misterio que nos rodea y en el cual tal vez se esconda no sé qué brujería o hechizo. -Pues nada, señá Nicolasa, sosiéguese usted y no tema.
En el centro, el santasantorum: un sudadero de junco por techumbre; por columnas, dos popos forrados en el mismo papel que tapiza la sala de Don Juan; a lado y lado, como guardianes del recinto, sendos reyes de espadas recortados primorosamente por la fina tijera de Perjuicia; detrás de ellos, dos caracoles marinos, ornato de las mesas de misiá Nicolasa; un pañuelo de seda verde vela el misterio.
No sé lo que me escribo. ¿Por qué sería doña Nicolasa tan sensible y yo tan calavera y tan... tan... tarantán? ¡A buena hora mangas verdes!, después del burro muerto...
¡Qué esplendor! Es Ester Solina Herrera, la seca-leche de misiá Nicolasa, el mismo de Don Juan. De pie, cerca a una mesa donde están las planas y los dibujos, estira en redondo la mano, relumbrante de pedrerías, y dice: "Señores: El magnífico espectáculo que hoy tenéis la satisfacción de presenciar, es de las fiestas más espléndidas que se celebran en las naciones civilizadas, por que es la que hace la educación en la bella y elegante carrera del saber: Pues bien, señores, educad vuestras hijas y ellas serán felices...".
El Cura chocoliaba; se sonaba Don Juan por disimular los pucheros; misiá Nicolasa palidecía de emoción ante la belleza y el saber de su pimpollo.
Prieto 39 Don Pedro Donoso 40 Don José Antonio Bravo 41 Don Faustino de la Cruz 42 Don Pedro Vergara 43 Don Antonio Fernández 44 Don Juan Albano 45 Doña Rita Cruz, viuda 46 Don Anselmo de la Cruz 47 Doña Josefa Toledo, viuda 48 Don Manuel Vergara 49 Don Juan Toledo 50 Don Domingo Paíz ESPAÑOLES 51 Antonio Soloaga 52 Juan Berríos 53 Nicolasa Poblete 54 Mónica Olave 55 José María Ruiz 56 Mercedes Guerrero 57 Rosa Yáñez 58 José Antonio Durán 59 Josefa Lezana 60 Rosa Lezana 61 Dionisia Ramírez 62 Josefina Morales 63 Juan José del Moral 64 Juan de Rojas 65 José Torres 66 Lorenzo Rojas 67 Juan Palacios 68 Juan Bta.
Allí al lado pasean todo el día la plazuela de Santa Ana los innumerables representantes de la legua que vienen en la Cuaresma a hacer oposición a las plazas de farsantes y que riñen sobre si han de hacer un día de reyes y otro de pordioseros en Madrid o en Alcalá, como si todos los parajes del mundo no fueran tan buenos unos como otros para hacer los tontos. Divididos de Venecia por esta valla existen a dos varas los concurrentes a la Nicolasa.
Si te corre prisa lo enviaré a Londres...4 No he podido confiar tus comisiones a Domingo, ni a Pedro, ni a la Nicolasa: hanles sucedido a todos desgracias impensadas...5 Ya te puedes poner en camino, porque en esta semana pasada no ha habido más que dos robos de diligencias...6 Pero si vienes a pretender, no vengas, que por ahora no tengo empeños que prestarte, y para traerte sólo contigo tus méritos te puedes quedar con ellos por allá, que aquí nadie los ha menester...7 Vengas o no vengas, lo que debes hacer es callar; supuesto que el mundo ha de ir siempre como va, haz lo que todos, y de lo que sabes saca partido, si es que no quieres olvidarlo, lo cual sería más seguro.
Todo allí asumió un carácter eminentemente ciudadano: el jipijapa del Cura fue reemplazado por la teja clásica, y, no contento con la vieja iglesia, no sosegó hasta crear una junta e iniciar los trabajos de un nuevo templo; las grandes damas pasaron de la alpargata a la babucha de cordobán; mermaron un veinte por ciento zuecos y bayetones; esteblecióse zapatería; pusieron letreros en tres o cuatro tiendas; pintáronse como ocho casas; se empapelaron la del alcalde y la de Don Juan Herrera, y tuvieron bombas y mesa central; Doña Nicolasa no volvió a admitir pañales en sus balcones, con ser que Toto le había llenado la casa de Perjuiciecitos, pues iba ya para diez años que se había casado con Carmela.