Morfeo

Morfeo (Morpheús)

 
mit. Dios griego de los sueños hijo de Hipnos.
Estar en brazos de Morfeo. loc. fig.Dormir.
Traducciones

Morfeo

Morpheus
Ejemplos ?
Es conocido por una amplia variedad de nombres, encabezados por Morfeo, pero también Oneiros, el Formador, el Príncipe de las Historias, y muy raramente por el Arenero (por la leyenda celta acerca de un duende que arrojaba arena a los ojos de los durmientes permitiéndoles así el sueño).
Y como no era higiénico echarse en brazos de Morfeo tras una comilona bien mascada y mejor humedecida con buen tinto de Cataluña, enérgico jerez, delicioso málaga y alborotador quitapesares (vulgo legítimo aguardiente de pisco o de Motocachi), improvisábase en familia un bailecito, al que los primeros rayos del sol ponían remate.
Mas siendo dinos de mojar los labios en el sacro licor aganipeo, que enturbian Mevios y corrompen Babios; huyendo aquella edad del viejo ascreo que al cielo dio y al mundo mil deidades fantaseadas de él, y de Morfeo; introdujimos otras novedades, de los antiguos alterando el uso, conformes a este tiempo y calidades.
Surge Morfeo, el dios ebrio de opio que al pardo búho del osario alegra, y el astrónomo apunta el telescopio a las pupilas de la inmensa negra.
De ese modo, engañado y engañando, los toros has sacado de las verdes dehesas donde el veneno entró de tus jM'omesas. No ya, pérfido, en vano te empeñas tanto contra el toro hispano que, venciendo á Morfeo, despierta para hacerte su trofeo.
Los otros tres se habían despachado a su gusto en cosas parecidas o distintas; habían celebrado sus orgías bebiendo, habían emborrachado a sus bardajes, los habían hecho vomitar, habían obligado a las muchachas a soltar pedos, habían hecho qué sé yo qué, y sin la Duelos, que no había perdido el juicio y lo puso todo en orden y los mandó a acostarse, es muy verosímil que la aurora de dedos rosados, al entreabrir las puertas del palacio de Apolo, los hubiera encontrado sumergidos en su porquería, más semejantes a cerdos que a hombres. Necesitados de descanso, cada uno se acostó solo, para recobrar en el seno de Morfeo un poco de fuerzas para el día siguiente.
El Maestro, por su parte, trataba de hacer esfuerzos para pelearse con Morfeo, pero al fin se persuadió de que era en vano, y dióse a pensar que no pudiendo él, como no podía con el sueño, cuánto menos había de poder Carmela con ese genio que Dios le dio.
Asustose la familia, que estaba ya en brazos do Morfeo, ante tan repentina irrupción de vándalos, y el dueño de casa, hombre incapaz de meterse en barullos de política, pidió al seide que le enseñara la orden escrita, y firmada por autoridad competente, que lo facultara para allanar su domicilio.
Los vecinos de San Jerónimo, entonces como hoy, se entregaban a Morfeo a la misma hora en que lo hacen las gallinas; así es que el pueblo estaba desierto como un cementerio y más obscuro que una madriguera.
Humildemente existo a ratos, artesano del arpegio que murmura el silencio equivalente de una vida, otra vida, cada vida, que parece ser la vida que revive a cada muerte en los poliédricos espejos de mi vida. Y de ser un más Morfeo, a veces me resulto un más Proteo, o tal vez un Prometeo...
Zelmira y Sofía se llevaron también las marcas del trato que sufrieron y, sin dar más detalles, porque las circunstancias no nos lo permiten aún, todos fueron a acostarse y a recuperar en brazos de Morfeo las fuerzas necesarias par volver a ofrecer sacrificios a Venus.
Hablaron Safo y Petronio, y hasta Judas el ahorcado, Por fin habló el cocinero del famoso Rey de Francia, El bravo Vatel: yo, dijo, con valor me he suicidado Por cosas más importantes, ¡por no encontrar un pescado! Todos soltaron la risa. (Grita un paje: está Morfeo). Todos callan, de repente...