Misia

misia

s. f. Amér. Merid. Tratamiento de cortesía hacia las mujeres, equivalente a señora.
NOTA: También se escribe: misiá

Misia

 
Antigua región del NO de Asia Menor, entre el mar Egeo y el Helesponto.
Ejemplos ?
Atravesaron Frigia y la región de Galacia, pues el Espíritu Santo les había impedido predicar la Palabra en Asia. 7. Estando ya cerca de Misia, intentaron dirigirse a Bitinia, pero no se lo consintió el Espíritu de Jesús. 8.
Y clavándole los ojos a Bermúdez, también lo metió en el baile: -Al demandante, D. José Bermúdez -y conste que no digo una palabra de misia Cenobita ni del chumalé del balazo.
El gaucho, mejor mozo por cierto que el negro, tuvo a los ruegos de la patrona que esconderse en la pieza vecina antes de probar del alfeñique; y misia Anunciación quedó chupándose los dedos, como muchacho que ha metido la mano en un tarro de dulce.
Rezongan, como si no se acordasen el tiempo en que cualquier guitarra les hacía cosquillas, y como ya poco las sacan a bailar, quieren hacerles creer a las chicas que todavía no les ha tocado el turno: -«Pero si con dos plumas vuelan, hoy, comadre; ¡si es un escándalo!» decía, entre dos tijerazos, misia Crispina a doña Carmen; y esta, en vez de contestar, tuvo justamente que enderezarse, para pegarle, un sopapo a Damiancito, hijo de la misma doña Crispina, diciéndole: -«Pero, no te pasés, mocoso; que sos muy ternerito.» El ruido de las tijeras asorda las palabras atrevidas, y las respuestas, irritadas o benévolas.
6 Y pasando á Phrygia y la provincia de Galacia, les fué prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia. 7 Y como vinieron á Misia, tentaron de ir á Bithynia; mas el Espíritu no les dejó.
Don Juan Antonio, con amable sonrisa, remite a misia Tomasa una libreta nueva, que lleva, para no desperdiciar nada, su propio precio en el primer renglón, y al haber, una bonita cantidad de pesos: sobrante del importe de la lana que compró él y ya realizó.
Saluda a Jesús cariñosamente, los mismo a Misia Manuela Rosita y Pedro, sin olvidar a Marianita, Misia Rosario, Enriqueta y Canaval y tú recibe un fuerte abrazo de tu afectísimo amigo y compadre.
-Los recusaos no han de ser siempre los jueces -explicaba don Pedro- también nosotros hemos de mojar alguna vez. Pues volviendo al cuento, Machado se hizo como si recién reparara en misia Cenobia y se le acercó hecho un almíbar.
Don Juan Antonio se precipita; a gritos, llama a los dependientes; pide un banco, un cajón, para que se bajen del carrito misia Tomasa, una señora muy gorda, y dos de sus hijas: Ceferina, en toda la flor de sus diez y siete años, cuyos morenos encantos no sufren de la ausencia de corsé, siéndoles, sí, fatales, el corte tosco del vestido de percal muy relavado, las medias mal estiradas en los botines a la crimea, enormes y sin lustrar, y el pañuelo de algodón floreado que le tapa toda la cabeza, dejando apenas pasar el relampagueo de sus ojos; y Concepción, una niña de trece años, pintona, como dicen entre dientes, allá en un rincón, dos viejos gauchos mirones.
Atravesaron, pues, Misia y bajaron a Tróada. 9. Por la noche Pablo tuvo una visión: Un macedonio estaba de pie suplicándole: «Pasa a Macedonia y ayúdanos.» 10.
¡Aura vamos a tomar chicolate! FELISA. -¿Por qué no lo acuesta, misia Nicanora? (Le toma el chico.) ¿Quiere acostarse? (A los de las cédulas.) ¡No canten, todavía!
¡No puede perder la costumbre! ¡Mi marido, misia Nicanora, es como los güelles: en cuanto come, tiene que echarse pa hacer la digestión!...