Micenas

Micenas (Mykēenai)

 
Antigua c. griega del Peloponeso, en la Argólida. Fue gobernada, según la leyenda, por los Átridas, que dirigieron la guerra contra Troya. De gran importancia durante la Edad del Bronce, su poderío y florecimiento corresponde al último período minoico (1350-1250 a C). Declinó a partir del s. IX a C.
Ejemplos ?
Si tu corazón te incita a regresar, parte: delante tienes el camino y cerca del mar gran copia de naves que desde Micenas te siguieron; pero los demás aqueos, de larga cabellera, se quedarán hasta que destruyamos la ciudad de Troya.
Contestó Hera veneranda, la de los grandes ojos: —Tres son las ciudades que más quiero: Argos, Esparta y Micenas, la de anchas calles; destrúyelas cuando las aborrezca tu corazón, y no las defenderé, ni me opondré siquiera.
Y algunos exclamaron, mirando al anchuroso cielo: —¡Padre Zeus! Haz que le caiga la suerte a Ayante, al hijo de Tideo, o al mismo rey de Micenas rica en oro.
Los que poseían la bien construida ciudad de Micenas, la opulenta Corinto y la bien edificada Cleonas; los que cultivaban la tierra en Ornías, Aretirea deleitosa y Sición, donde antiguamente reinó Adrasto; los que residían en Hiperesia y Gonoesa excelsa, y los que habitaban en Pelene, Egio, el Egíalo todo y la espaciosa Hélice: todos éstos habían llegado en cien naves a las órdenes del rey Agamemnón Atrida.
Estuvo en Micenas, no para guerrear, sino como huésped junto con el divino Polinice, cuando ambos reclutaban tropas para atacar los sagrados muros de Tebas.
Ves, créelo, la rica Micenas, adonde hemos llegado, y la fatídica mansión de los Pelópidas, donde, en otro tiempo, después de la muerte de tu padre, te recibí de manos de tu hermana, y, habiéndote llevado y salvado, te crié hasta esta edad para vengar la muerte paterna.
Cubrió en seguida su cabeza con un casco de doble cimera, cuatro abolladuras y penacho de crines de caballo, que al ondear en lo alto causaba pavor, y asió dos fornidas lanzas de aguzada broncínea punta, cuyo brillo llegaba hasta el cielo. Y Atenea y Hera tronaron en las alturas para honrar al rey de Micenas, rica en oro.
Como dañino león acomete un rebaño de muchas vacas que pacen a orillas del extenso lago y son guardadas por un pastor que, no sabiendo luchar con las fieras para evitar la muerte de alguna vaca de retorcidos cuernos, va siempre con las primeras o con las últimas reses; y el león salta al centro, devora una vaca y las demás huyen espantadas: así los aqueos todos fueron puestos en fuga por Héctor y el padre Zeus, pero Héctor mató a uno solo, a Perifetes de Micenas, hijo de aquel Copreo que llevaba los mensajes del rey Euristeo al fornido Heracles.
De este padre obscuro nació tal hijo, que superándole en toda clase de virtudes, en la carrera y en el combate, figuró por su talento entre los primeros ciudadanos de Micenas y entonces dio a Héctor gloria excelsa.
Hay poetas que se entretienen en celebrar con perpetuos cantos la ciudad de la casta Palas, y coronar sus frentes con ramos de olivo cogidos doquier; otros, en honor de Juno, enaltecen la ciudad de Argos con sus briosos corceles y la rica Micenas.
Ved, bañado está en sangre el de Micenas Alcázar opulento; de Casandra La fatídica voz alzarse escucho; Sigo temblando al parricida Orestes, Cuando aún la sangre cálida gotea De su madre infeliz y las Euménides No abandonan su umbral, siempre entonando El coro vengador; él, perseguido Por los terrores de conciencia inicua, De gente en gente vaga; sólo encuentra Juicio y perdón cabe el altar de Palas.
Pedagogo Orestes Electra Coro De Doncellas Argivas Crisótemis Clitemnestra Egisto (Ante el palacio real de Micenas. Al fondo, la llanura de la Argólide.