Me llamo ...

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Me llamo ...   
Collins Multilingual Translator © HarperCollins Publishers 2009
Ejemplos ?
Estaré contento de contestar a vuestro desafío." Rokurouemon bajó inmediatamente su lanza y dijo: "Sois razonable. Yo me llamo Fukuchi Rokurouemon.
-De ningún modo -respondió la joven-, hable usted. -Desearía saber el nombre de mi vecina. -Me llamo Carlota. ¿Y usted? -Yo Rafael Torres.
Tu madre, hijo, se llamó la Montiela, que después de la Camacha fue famosa; yo me llamo la Cañizares, si ya no tan sabia como las dos, a lo menos de tan buenos deseos como cualquiera dellas.
Ya se ve que me ocurriría entrar en el examen de ese respeto, y que me ocurriría investigar los fundamentos de todas las cosas más fundamentales. Pero me llamo aparte, y digo para mí: ¿No está clara la ley?
En mi espíritu, donde las imágenes pierden su relieve y se confunden, flotan dos versos de un soneto de Rossetti, de aquel soneto en que una visión le habla al poeta entre la bruma nocturna: Look at my face, my name is might have been I am also called, no more, farewell. ¡Oh, mírame la faz!... ¡Oye mi nombre! ¡Me llamo lo que pudo ser! Me llamo... Es tarde...
y es verdad! Pero ya aquel tiempo huyo, En que vate me llamo La indulgencia a la amistad. Ahora de aquella edad El recuerdo apensas resta Como quendan de una fiesta Los misteriosos sonidos Que retienen los oidos Del bullicio de la orquesta.
Conocido es de todos los hombres y dioses y hasta de las aves que vuelan por el cielo. Yo me llamo Hurtamigas, soy hijo del magnánimo Roepán y tengo por madre a Lamemuelas, hija del rey Roejamones.
Y él, tan presto, dijo: -Oír, que no pica, pues no soy sino solicitador, y no pongáis nombres a nadie (yo me llamo Arbalias), a unos y a otros sin saber a quién lo decís.
-Señor -dijo-, yo soy Gil, el criado de la señorita Carlota, y no puedo menos de agradecer el dolor que demuestra usted por su muerte. Dígame su nombre para que eternamente lo recuerde. -Me llamo Rafael. -¡Rafael!
-¿Todo eso hay en la Biblioteca de las Maravillas?- pregunté admirado- A la par, Alicia y Peter me respondieron: -¡Esto y mucho más!- -¡Claro que sí!- respondió un coro de fantásticas voces salidas de los libros. Luego se fueron presentando diciéndome gustosos: Yo soy Gilgamesh. Yo Rama. Yo me llamo Sansón. Él es Hércules. Aladino, soy.
Hago bien; que en la corte es menester con este cuidado andar; que nadie llega a besar sin intento de morder. ANARDA. Si así ha de ser, yo me llamo Doña Lucrecia Chacón. HERNANDO .
Me llamo Juan Méndez. Un poco más adelante diré por qué escribo. Me parece que tendré originalidad. Esta sensación de originalidad la he experimentado muchas veces: he ido a hablar con un hombre que entiende más que yo en un asunto determinado: le he confesado que yo no entiendo mucho de eso; pero...