mauro

mauro, a

adj./ s. HISTORIA De la antigua región africana correspondiente a Mauritania. moro
Traducciones

mauro

mauro
Ejemplos ?
¿Qué prefiere usted: que la maten de un tiro o que le tuesten a fuego lento, con brasitas que eternizan el dolor? Mauro Pareja, allí presente -porque esta conversación se desarrollaba en el vestíbulo del Casino de la Amistad, al cual nos habían traído, complacientes, el café y la botellita de vino-, confirmó las palabras de Dueñas.
-¿Le ha convidado usted? -preguntó, al fin, por lo bajo, Mauro Pareja, uno de los más antiguos socios del club, al presidente, visiblemente contrariado.
¡Si donde entra ese demonio de hombre entra la fatalidad! -Tanto como eso... -objetó el socarrón de Mauro Pareja. -Tanto y no rebajo nada.
El 1 de septiembre, individuos no identificados asesinaron a Mauro Marcano Ramos, quien era conductor de un espacio radial, columnista y activista en el Estado Monagas.
Según unos era griego, según otros italiano, y no faltaba quien lo cree ese árabe. Llamábase Mauro Cordato. Viajaba sin criado y en compañía de un hermoso perro de aguas, del cual jamás se apartaba en la calle ni en visitas; y cuando concurría al teatro, compraba en la boletería entrada y asiento para su perro que, la verdad sea dicha, se manejaba durante el espectáculo como toda una persona decente.
-Yo -decía Mauro Pareja, pez de muchas libras- comprendo que en casos así se ciegue el más pacífico, se le suba el humo a las narices y la emprenda a linternazos hasta con su propia sombra.
El animal era, pues, parte integrante o complementaria del caballero, casi su alter ego; y tanto, que hombres y mujeres decían con mucha naturalidad y como quien nada de chocante dice: «Ahí van Mauro Cordato y su perro».
Sucedió que un domingo, después de oír misa en San Agustín, pasó por el portal la Perla sin compañera, de bracero con su dueño y señor el Niño de gonces. Verla Mauro Cordato y apasionarse de ella furiosamente, fue todo uno.
Echose Mauro a tomar lenguas de sus amigos y de las mixtureras más conocedoras y ladinas, y sacó en claro el consejo de que no perdiera su tiempo emprendiendo tal conquista; pues era punto menos que imposible alcanzar siquiera una sonrisa de la esquiva limeña.
Su frente calva, sus ojos de fuego hundidos, sus sienes surcadas, sus labios delgados, amoratados, le daban semejanza con los San Jerónimos de Ribera. Y en efecto, el padre Mauro estaba casi en olor de santidad.
-El puño es de carreteros -arguyó el comandante Irazu, hombre desmedrado, lacio como un guante viejo, mirando de soslayo, con aparente desdén, la enorme diestra huesuda de Mauro Pareja.
-El puño y la bota, y peor para la gente esmirriada -repitió, con acento incisivo, Mauro-. Y hasta los dientes y las uñas, ¡qué demontre!