Marsella

Marsella (Marseille)

 
C. del SE de Francia, cap. del departamento de Bocas del Ródano y de la región administrativa de Provenza-Alpes-Costa Azul, en una amplia bahía, en el golfo de León; 855 000 h (aglomeración urbana, 1 605 000 h). Primer puerto del país. Aceites, jabones, refinerías, metalurgia, construcciones mecánicas y navales, etc. Es la antigua Massalia o Massilla de los focenses, sede de la expansión griega en el Mediterráneo occidental. Puerto de tránsito hacia Tierra Santa durante las Cruzadas.
Traducciones

Marsella

Marsella

Marsella

Marseille

Marsella

Marsejlo

Marsella

Marseille

Marsella

Marsiglia

Marsella

Marseille

Marsella

Marseille

Marsella

Marsilya

Marsella

SFMarseilles
Ejemplos ?
La bella dama, deseando en vano verse de Rogelio en compañía, Marsella del ejército pagano casi dïariamente protegía, el cual, robando por montaña y llano, Linguadoc y Provenza recorría; mas ella con gran tino hacía oficio de gran guerrero y capitán propicio.
El cadáver no tiene más que podrirse. Esa misma noche un padre de aspecto meditativo tomaba en el Pireo el transmediterráneo que le depositaría en Marsella.
Ahora hay comerciantes muy modernos. Ahora mandan barcos prosaicos la dorada Valencia, Marsella, Barcelona y Génova. La ciencia comercial es hoy fuerte y lo acapara todo.
Y más nos han dicho, que las dichas dos naves habían cargado de leñame para vender en este puerto; y que estando en la costa de Marsella las hicieron descargar el dicho leñame, y que Pedro Joan, capitán francés, metió en las dichas naves once piezas de bronce muy singular, y que en la una nave metió las seis, y en la otra las demás piezas de artillería; y que el dicho Pedro Joan, capitán, metió en cada una de las naves seis bombardas, las cuales naves vienen en conserva.
Que hagan los españoles dramas sin reglas...: mais nous, nosotros, que no somos españoles y que no sabemos, por consiguiente, hacer comedias malas; mais nous, que hemos introducido en el Parnaso el melodrama anfibio y disparatado, lo que nunca hubieran hecho los españoles; mais nous, que tenemos más orgullo que literatura; mais nous, que en nuestro centro tenemos a todo un Ducange, que nos envanecemos de haber producido La huérfana de Bruselas, Los ladrones de Marsella...
El segundo cuaderno se hizo para criticar el monstruo dramático El jugador; la burla que se hizo de él a las cosas de París no se refirió a que el teatro francés fuese malo, sino al lenguaje exigente que tenían entonces y tienen aún los señores que anuncian esas piezas que vienen como un torrente a inundar nuestra escena; el público estaba engañado, porque a cada paso se veía en los anuncios: «El jugador, Los dos sargentos franceses, Los ladrones de Marsella, La huérfana de Bruselas, El testigo en el bosque, etc., pieza que se representó últimamente en los primeros teatros de París y que tanto mereció la aceptación del ilustrado público de aquella capital».
El Duende no dice que se represente El jugador en el teatro francés de la calle de Richelieu, sino en los teatros franceses de París, de Lyon, de Marsella; que éste es el verdadero teatro francés, y no el que se llama peculiarmente así, y que pudiera muy bien llamarse de otro cualquier modo; por cierto que si dijéramos que el Pelayo se representa en el teatro español, todo el mundo entendería en todos los teatros españoles, no en el de Madrid, que así como le llamamos del Príncipe, pudiéramos llamarle Español por antonomasia.
Por lo demás no se vuelve a tratar de la marquesa en lo restante de la obra; y el autor nos excusa su viaje a Marsella con Lázaro, y lo demás de sus aventuras.
Para no remontarme a épocas que la antigüedad oscurece, dejando la Phocida, los Griegos que actualmente habitan Marsella se establecieron en las orillas de esta isla.
Rodolfo habría reservado las plazas, tomado los pasaportes a incluso escrito a París, a fin de contar con la diligencia completa hasta Marsella, donde comprarían una calesa, y, de allí, continuarían sin parar camino de Génova.
En estos casos de que le hablo no hay nada que ofrezca rasgo alguno de interés, con excepción de uno bastante intrincado que me ha sido enviado desde Marsella.
Las comunas de Paris, Lyon y Marsella no sobrevivieron lo bastante como para tomar característica alguna de permanencia, y uno se pregunta si de hecho se lo propusieron.