Mari

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Mari

 
Antigua c. de Siria, cerca de la frontera de Irak, a orillas del Éufrates, correspondiente a la actual Tall Hariri. Fue sede de una dinastía de semitas amorreos. Restos monumentales y más de 20 000 tablillas cuneiformes.
Traducciones

Mari

SF (forma familiar) de María
Ejemplos ?
Requerido por el diputado, a quien interesaba el lucimiento de los festejos, el cacique no había tenido remedio sino acceder, un tanto a rastras, a la exhibición de su hija, y a encargar a Madrid un suntuoso traje blanco elegido por la madre del diputado, y con el cual Mari-Virginia, tal era el nombre de la Reina, lo parecía en efecto cuando ocupó el trono de sedas, flores y ramaje que le estaba destinado.
Abel el pernil que Caín le enseñó en casa de este, y que habían de devorar juntos de tarde en la Fuente de Mari-Cuchilla, que Trujillo, entusiasmado, tomó una resolución, y al despedirse hasta la hora de la cita, exclamó: -Bueno, pues yo también te preparo algo bueno, una sorpresa.
Los nuesos fidalgos mal endotrinados el su blasón afincan en tuerto facer al amigo e deudo, e desapropiar teneres del próximo; e item mais, con los sus peculios en mazmorra escura les asepoltar, por arte de leixes mercadas a cohecho; ca justicia e premáticas sanctimoniosas, ogaño se mercan ansí de ordinario. ¡Válenos Mari Pura!
Era el de su ofiscio o cargo en el don Johán de la Coba, recabdador e deposcitario de las rentas e cabdales de la cofradía dicha que se era de la O, Mari Sancta Madre del Redemptor.
Y aquella tarde, en la frente de Mari-Cuchilla, cerca del obscurecer de una tarde gris y tibia de otoño, oyendo cantar un ruiseñor señor en un negrillo, cuyas hojas inmóviles parecían de un árbol-estatua, Caín y Abel merendaron el pernil mejor que dio de sí cerdo alguno nacido en Teberga.
La gatita de Mari-Ramos se escapó por el tejado, en amor y compañía de un gato pizpireto, que olía a almizcle y que tenía la mano suave.
Enfáticamente pronunciaban la palabra las mozas del servicio, las comadres de la barriada y las amigas y los parientes viejos. ¡Reina, reina de la belleza! ¡Ella, Mari-Virginia Rosón! Pero ¡qué cosas suceden!
Decía Marizápalos: -Mirá que digáis cómo la he puesto. Mari Rabadilla dijo: -Decildes a los vivos que si mis hijos comen cada uno en su escudilla, ¿qué mal les hacen a ellos?
Y Mari-Virginia subía a su trono con ilusiones de verdadera reinecita adorada, con esperanzas indefinidas de algo supremo, incomparable, que la tenía que suceder, y con alas en los hombros, alas invisibles, de plata y azul, como las de los angelines que cercan el trono de la Patrona de Alcazargazul, Nuestra Señora del Triunfo...
En cuanto á tus amenazas de hacerme lapidar, escucha lo que he hecho en pro de toda la Hélade: Si las mujeres, en efecto, llevaran su audacia hasta el extremo de matar á sus maridos buscando un refugio en sus hijos y queriendo excitar la piedad de éstos con la exhibición de sus pechos, llegarían á no dar importancia al asesinato de sus maridos, siempre que para él hubiese cualquier pretexto.
Mucha gente se marchó ya aquella tarde: el pueblo se quedó «sordo», al decir de las vecinas. Mari-Virginia, desde aquel punto, no concurrió a los festejos, que aún languidecieron media semana.
POLONIA Buen remedio; entrarnos dentro. (Vanse llevando el arca.) Escena XI DOÑA BERNARDA, MARI-RAMÍREZ. De toquera montañesa, con vara y fardo.