Ejemplos ?
—Eso es —dijo Dupin—; y después de preguntar al niño cómo efectuaba esa completa identificación en que residía su éxito, recibí la siguiente respuesta: «Cuando deseo saber cuán sabio o cuán estúpido, o cuán bueno o cuán malo es alguien, o cuáles son sus pensamientos en un instante dado, acomodo la expresión de mi rostro, tan cuidadosamente como me sea posible, de acuerdo con la expresión del rostro de él, y entonces trato de ver qué pensamientos o sentimientos nacen en mi mente, que igualen o correspondan a la expresión de mi cara.» La respuesta de este niño de escuela supera incluso la espúrea profundidad que ha sido atribuida a La Rochefoucault, la Bruyère, Maquiavelo y Campanella.
Y eso sí: no hay que dudar de que lo consiguen en parte sobre todo cuando se trata de cierta escuela que no podemos mentar por temor a que su solo nombre, a pesar del qué se me da a mí que le es propio, pudiera dar lugar a una querella contra nosotros entre los habitantes de aquel pueblo, con quien no queremos estar a mal por nada del mundo. Sus venganzas tienen algo con aquella máxima de Maquiavelo: «Calumnia, calumnia, que algo queda».
diputado Bernardo Bátiz Vázquez: Honorable Asamblea: Con el pragmatismo ajeno a toda ética que caracterizó a su época, Maquiavelo el florentino decía que el primer deber de los gobernantes es gobernar, quería significar que los príncipes del Renacimiento a quienes dedicaba sus enseñanzas de política cínica, tenían que conservar el poder a toda costa, lo mismo sacrificando el fin a los medios que usando y abusando de cualquier medio para conseguir un fin, el gobernante, según este pensamiento, debe mantenerse en el poder y con todo el poder a como dé lugar.
Su mensaje era dirigido a todos los monarcas de su tiempo, pero se ha abierto paso a través de las edades y llega a los gobernantes absolutos de nuestros días, que no tienen empacho en seguir el consejo maquiavélico, hayan o no leído a Maquiavelo, Para los gobernantes que aceptan que su primer deber es gobernar nada les interesa ni nada respetan ni ante nada se detienen si con ello conservan en sus manos las riendas del poder, representan un extremo de las posibilidades de gobierno.
(Copiaré este trozo y te lo remitiré. Pero no, cuando vaya a verte a Brighton ---¿cuándo?--- te llevaré el libro de Maquiavelo. Su "Historia de Florencia" es una obra maestra.) Y por fin, 3) el sistema militar asiático, tal como apareció originariamente entre los persas y, después, en las más diversas variedades, entre los mongoles, los turcos, etc....
Debe recurrirse a la razón de Estado cuando los intereses objetivos —el principal de los cuales es la sobrevivencia del propio Estado— lo demanden. Señeramente, la expresión nace con De la Casa; el concepto se debe a Maquiavelo.
Aquella ley políticamente bárbara de Atenas, por la cual salía desterrado de su república el que se señalaba en prendas y virtudes porque no tiranizase con ellas la libertad pública, todavía dura, todavía se observa en nuestros tiempos, aunque no hay ya aquel motivo de los atenienses; pero hay otro, no menos eficaz aunque no tan bien fundado, pues parece máxima del impío Maquiavelo: que es aborrecer al que se señala porque desluce a otros.
No os retraiga la magnitud de una obra en que se emplearon Solón, Licurgo, Platón, Aristóteles, Cicerón, Hobbes, Maquiavelo, Bacon, Grossio, Pufendorff, Locke, Bocalino, Moren, Bodin, Hume, Gordon, Montesquieu, Rousseau, Mably y otros ingenios privilegiados, dejándonos sólo la idea de que no hay un arte más difícil que el de gobernar hombres y conducirlos a la felicidad, combinando sus diversos intereses y relaciones.
Francisco Ortiz Mendoza: Señor Presidente; Señores diputados: Otro de los consejos cínicos que daba Maquiavelo para gobernar era "divide y vencerás, divide y reinarás".
Allí se vieron otros, que poseídos del espíritu equivocado que hizo odioso al mismo Maquiavelo, en nada hallaban barrera, y avanzaron a obscurecer los principios de derecho natural impresos en el corazón, el de gentes que es consecuencia de aquel: y equivocando hasta los del derecho público, se vieron con engaño resueltos a servir de instrumento para ejecutar los planes de la moderna filosofía.
Por otra parte, hay quienes sólo siguen de Maquiavelo las máximas, y otros por el contrario, se ocupan solamente del cuerpo doctrinal —existente a pesar de que el autor es asistemático—, prescindiendo de aquéllas.
Pero lo que no sabía Maquiavelo que a cientos de años de haberlo dicho, iba a haber diputados ingenuos que creían que podían dividir a las fuerzas democráticas cuando han dado pruebas ahora de que están resueltas a hacer avanzar una medida política.