Ejemplos ?
Este pueblo ha dado para todo; severidad para los viejos tiempos; austeridad para la República; depravación para los Emperadores; catacumbas para los cristianos; valor para conquistar el mundo entero; ambición para convertir todos los Estados de la tierra en arrabales tributarios; mujeres para hacer pasar las ruedas sacrílegas de su carruaje sobre el tronco destrozado de sus padres; oradores para conmover, como Cicerón; poetas para seducir con su canto, como Virgilio; satíricos, como Juvenal y Lucrecio; filósofos débiles, como Séneca; y ciudadanos enteros, como Catón.
Deben bastaros, amigo mío, estos razonamientos para daros valor cuando bebáis el ajenjo de la muerte, y meditad hasta entonces un hermoso verso de Lucrecio, cuyo sentido es éste: "Vivid tanto como podáis, que no quitaréis nada a la eternidad de vuestra muerte." Después de aquellas máximas, quintaesencia de clásicos y modernos, sutilizadas y sofisticadas a gusto del siglo, maese Gonin guardó su linterna, golpeó la puerta del calabozo, que abrió el carcelero, y las tinieblas cayeron de nuevo sobre el preso como una plancha de plomo.
Bajo el arco truncado de la oda, ella junta con sentido fúnebre las flores exactas que pintaron los italianos del xv y llama al seguro gallo de Lucrecio para que espante sombras imprevistas.
139) nos cita el siguiente hecho: «Cuando Jerjes, antes de su campaña contra Grecia, se veía disuadido de sus propósitos bélicos por sus consejeros, y, en cambio, impulsado a realizar por continuos sueños alentadores, Artabanos, el racional onirocrítico persa, le advirtió ya acertadamente que las visiones de los sueños contenían casi siempre lo que el sujeto pensaba en la vida.» En el poema didáctico de Lucrecio titulado De rerum natura hallamos los siguientes versos (IV, v.
Tal vez; pero en el combate diario, en casi todas las horas de nuestro desaliento, pensamos como Lucrecio: "Si los dioses existen, se bastan a sí, gozan tranquilamente de su inmortalidad sin acordarse de nosotros".
Este era un bachiller de la universidad de Roma, que escribía lo que pensaba, como Julio César, Marco Aurelio, Tito Lucrecio Caro, Plinio, Séneca y otros doctores.
Atico, Lucrecio, Memmio y algunos hombres de este temple podrian vivir muy honradamente juntos, como se ve en todos los países, y podrian filosofar cuanto quisieran entre sí: me perece que oigo á unos aficionados que se dan un concierto de música escojida y refinada; pero que se guarden de ejecutar este concierto en presencia del vulgo ignorante y brutal, porque se esponen á que les rompan los instrumentos en la cabeza.
En todos tiempos ha habido muchos miserables, de los que dice Lucrecio: ::Qui quocumque tamen miseri venere, parentant, ::Et nigras inactant pecudes, et manibu divis ::Inferias mittunt; multóque in rebus acerbis ::Acriús advertunt ánimos ad relligionem.
¿Quién olvidará a Varrón, el primer barco, y la áurea piel del Vellocino conquistado por el jefe Ausonio? Los versos de Lucrecio perecerán el día que perezca el orbe.
Pero no sucede lo mismo á la filosofía del alma y de la luz natural, que ayudada del valor del talento, sabe pesar con exactitud las dudas y las probabilidades; que es en lo que consiste el gran mérito de Lucrecio.
Cuando digo que el poeta Lucrecio discurre como un escelente metafísico en este tercer canto, no quiero decir que tiene razon: porque se puede argüir con un juicio vigoroso, y engañarse, si no se conocen la verdades reveladas.
Nos habla, sin femeniles escrúpulos, como mujer su- perior á su siglo, de los dioses y diosas del Olimpo y de Ho- mero y la Ilíada y de Virgilio y la Eneida nos dice maravillas; manosea con desenfado á los personajes bíblicos, y casi trata tú por tú, como quien ha vivido ea larga intimidad con ellos, á Horacio, Marcial, Lucrecio, Juvenal, Persio, Séneca y Ca lu- lo.