Ejemplos ?
andá, Pilar, por favor, mientras duerme ño Severo, ve si te empriesta el pulpero un vaso y el asador. Y en cuanto llegue Luciano, la venida de Olivera celebraremos siquiera con un pedo soberano.
El niño no tenía fácil entrada en el cuarto de su primo Diego, porque, como todo lo revolvía, el estudiante le había prohibido que estuviese allí, pero esto no impedía que Luciano hubiera visto por el agujero de la llave que el joven tenía sobre su mesa una botella, que debía contener un vino delicioso, y una pequeña copa de cristal tallado.
¡Con qué placer hubiese probado Luciano aquel líquido! Por fin, una noche, minutos antes de acostarse el niño, su padre llamó a Diego, este salió de la habitación dejando la puerta entreabierta, y el muchacho, aprovechando aquel descuido, se deslizó en el cuarto, siendo lo primero que vio la copa y la botella.
Con ello quería expresar que el Capitán no encontraría las maletas de miss Herder y esta conclusión era tan arriesgada que el caballero peruano dirigiéndose a mi primo le dijo: —Le apuesto a usted cien soles que las maletas de miss Herder aparecen. Luciano se irguió dignamente y repuso: —No jugaré con usted un solo cobre, pero le doy a usted mi palabra de honor de que las maletas de miss Herder están perdidas.
En aquel mismo momento Luciano se dio cuenta de que Mariana Lacasa escuchaba sus palabras y levantó expresamente la voz para interesarla en su "noticia".
Sí, amigo: me ha de gustar oirlo a usté, y oir a Callejas; casualmente hacen parejas en el modo de pensar. Olivera ¿Conque, mi amigo Luciano, también anda por acá?
Vivía con sus padres y él un joven, sobrino de aquellos, que estaba estudiando al cuidado de sus tías, teniendo su habitación no lejos de la de Luciano.
Más allá una bandera inglesa flameaba sobre el llamado "castillo de Ab-el-Kader", cuya torre redonda se recortaba en el aire rojizo como la avanzada de una ciudadela antigua. En ese instante estalló a mis espaldas la voz de mi primo Luciano.
Terminaba de hilvanar silenciosamente dichas reflexiones la quinta mañana de nuestro viaje, mientras formaba parte de la rueda de pasajeros que integraban la señora del pastor Rosemberg y mi primo. Luciano trataba de consolar a la señora del pastor de la pérdida que sufriera en el incendio (tres pijamas, una salida de baño, varias camisetas y fotografías de la localidad abandonada), cuando la señorita Herder, una feminista sueca que ocupaba un camarote junto a los de la familia del caballero peruano, enarbolando sus flacos y pecosos brazos, apareció corriendo al tiempo que gritaba: —Me han robado el equipaje.
-No tendré tiempo de echarle agua para ocultar lo que beba -dijo Luciano-, así es que apenas tomaré para que no se note. Destapó la botella, vertió un poco de vino en la copa de cristal, tapó aquella de nuevo y bebió con precipitación, saliendo de la pieza en que estaba, antes de que volviese Diego.
¿Vos sabés todos los beneficios que hoy el PAMI, después de la administración que se ha realizado, tiene y otorga a nuestros jubilados?” La verdad que le pedí Luciano Di Césare que me acercara algunas cifras, y pasamos por empezar de 3 millones de jubilados en el 2004 hoy estamos en 4 millones y medio, 1 millón y medio más de personas que recibe cobertura medicinal de primera, y de primera voy a explicar por qué.
Por último hubo una verdadera lluvia de juguetes sobre su cama, el sable que le habían prometido, el casco con plumas que debían comprarle para su cumpleaños, la capa para torear, el Nacimiento ofrecido para Pascua; todo caía sobre él sin lastimarle. La luz de la lamparilla se apagó y Luciano no pudo ver más.