Ejemplos ?
Doña Ra se burla de Don Ga Nadaba en el agua un pa cuando lo miró don Ga -Anda, no tengas mie y nunca digas no pue - le dijo desde aquel la mientras temblaba el muy va Escuchólo doña Ra y saliendo de una la lanzó una gran carcaja y se metió al agua hela Burlándose doña Ra se lucía cual una pa.
Al nombre odiado de Landolfo, Orso se estremeció de furor, y desnudando el puñal, iba a atravesar la garganta del pequeño...; pero éste, apacible, le sonreía, y su sonrisa era la sonrisa encantadora, inolvidable, de Lucía cuando su padre la acariciaba, en los días de la niñez.
Entre esas – y de las primeras – no podía ser de otro modo – lucía una alusiva al levantamiento del sitio y evacuación de toda la Banda Oriental por parte de los patriotas.
Ojeando a mi rededor, me fijé en un arbusto que se encontraba a la orilla del barranco, de un verde tan brillante como de falso plástico. Lucía unos frutos que se ofrecían a mi vista y se sospechaban exquisitos.
Era la doña Antonia señora de muchas campanillas, persona todavía apetitosa, que gastaba humos aristocráticos y tenida por acaudalada, como que era de las pocas que vestían á la moda de Lima, de donde la venían todas sus prendas de habillamiento y adorno. Acompañábala su hija Rosa, niña de nueve años, la cual lucía trajecito dominguero con cauda color de canario acongojado.
Los botes con tamales de todos los colores y sabores, los cubrían, y por otro lado, se miraba la estufa de petróleo sobre la que lucía sus brillanteces la plateada olla de aluminio que contenía el único atole que elaboraba, sabroso y exquisito, el mejor de toda la ciudad, al decir de los clientes.
Fernando ahora pensó que no tenía nada de inverosímil que el árabe pudiera darle datos de la habitación que ocupaba Lucía, porque ésta miraba al jardín del hotel.
En efecto, el cajón donde iban a guardar para siempre al niño de María Vicenta lucía simétricas listas azules sobre fondo blanco, e interiormente un forro chillón de percalina rosa.
Y pensando en su malita fortuna estaba nuestro mozo, cuando apareció en una de las puertas del ventorrillo el señor Cristóbal Heredia, uno de los decanos de los rabadanes del pueblo donde Clotilde lucía sus ardientes incentivos.
Y Antoñuelo el Matraca, haciendo un esfuerzo y casi como el que se decide a tirarse por un despeñadero, avanzó decidido hacia el grupo donde lucía el de los Bigotes su imponente actitud de hombre aguerrido y capaz de quitarle el resplandor de un metío a cualquiera de los luceros, y díjole llegando a él y mirándolo con heroica indiferencia: -¿Usté quisiera premitirme, señor Curro, que platiquemos dos minutos?
Perecieron los varones en un oscuro lance militar, una emboscada que tal vez preparó el mismo Landolfo, y quedó la niña Lucía para continuar la maldita familia de Amadei.
Pues allí estaban, cara arriba. El gallo de la A mayúscula lucía sus plumas rojas, azules y verdes. Hinchaba el pecho muy ufano, pues sabía lo que significaban las letras, y era el único viviente entre ellas.