Ejemplos ?
210 mi opinión; que a ser mujer, como imaginas, liviana, ni a ti te hiciera este ruego, ni yo tuviera estas ansias.
Al ausentarse el Amir, con este encargo quedé. Es más cauto nuestro dueño que esa liviana mujer. El lienzo escrito con sangre, ¿dónde está?
Pero prendello, ¿qué importa, si luego le he de soltar, y a mí me viene a librar su prisión liviana y corta de un largo enojo y pesar?
Marsilla a mi Rey salvó de unos conjurados moros, y el Rey vertió sus tesoros en él, y aquí le envió. El despreció la liviana inclinación de la infiel....
Un hombre me dices que entra de noche por mi ventana, y sale muy de mañana: causa tu furor encuentra para irritarte, es así; entra en mi aposento un hombre, pero que entre no te asombre, Sancho, que no entra por mí. SANCHO MONTERO: ¿Pues, cómo, mujer liviana, si la verdad no contestas, he de creer tus protestas cuando es tuya la ventana?
(en voz tronadora interrumpió don García), quien por infames aboga, sólo cavar su sepulcro junto a su sepulcro logra.» Y a la condesa volviéndose, siguió diciendo: «Señora, venderle queréis al moro mi cabeza y mi corona, que con torpeza inaudita y amor sacrílego compra; a morir, pues, disponeos, como liviana y traidora.
Por ello, en vez de pasar la velada fuera de casa, como me lo habia propuesto, se me ocurrio que lo ,más sensato seria tomarme un bocado e irme inmediatamente a la cama. Hablo, claro esta, de una cena liviana.
Benincasa cogió una en seguida, y oprimiéndole el abdomen, constató que no tenía aguijón. Su saliva, ya liviana, se clarificó en melífica abundancia.
Las tres cabinas de Wyatt comunicaban con el salón posterior, el cual estaba separado del principal por una liviana puerta corrediza que no se cerraba nunca, ni siquiera de noche.
Pues poderosa le ausilia Por su gran privanza en ella Una negocianta bella Allegada á su familia. Mas es tan frágil, tan vana La felicidad terrena Que toda nos la envenena La desazon mas liviana.
¿qué diría usted de mí si yo en lo más mínimo faltase a mi deber, echase a rodar mi decoro y me olvidase de la honestidad y del recato con que me ha criado mi cristiana y severa madre? ¡Jesús, María y José! La cara se me caería de vergüenza si yo fuese liviana. Con sobrada razón me despreciaría usted entonces.
Que como Mauricio ya deste amor viene advertido, temerosa Anarda está de que, siendo su marido, de Madrid la sacará; y como liviana intenta, del Príncipe enamorada, hacer a su sangre afrenta, procura verse casada con quien lo ignore o consienta.-- Otros remedios habra; (Alza la voz.) que casarse deste modo deshonor nuestro será.