Leyes de Indias

Leyes de Indias

 
hist. Código que recopilaba las disposiciones legales concernientes a la administración de los territorios del Nuevo Mundo, dictadas por la Corona de Castilla, en el s. XVII.
Ejemplos ?
El Capitán Varela eligió un sitio alto y abrigado de la parte montañosa, pero muy próximo al llano y con todo el ceremonial prescrito por la Leyes de Indias que se realizaba en tales actos, el 30 de junio de 1577 fundó en una meseta situada aproximadamente a 80 Kilómetros al este de Mérida, una ciudad que denominó Altamira de Cáceres.
A principios de 1826 el presidente de la Junta de Representantes de la Provincia de Santa Fe, Juan Manuel de Soto, comunicó el nombramiento de alcalde mayor del departamento Rosario, lo que implicaba reconocer a la Villa del Rosario el título de pueblo. Las atribuciones de esta institución estaban reglamentadas por las Leyes de Indias que tenían jurisdicción civil y criminal.
Las Leyes de Indias ordenaron que las tierras entregadas a los españoles no se extenderían a costa de las poseídas por indígenas, pero no establecieron un procedimiento para garantizarlo.
Tratábase, más que un codicilo, de un nuevo testamento ológrafo, escrito de la mano de Lanceote, con la autorización de testigos presenciales y con todos los requisitos que las Leyes de Indias, aceptadas en la Argentina, establecen.
La mayoría de la nación ha ignorado siempre la situación geográfica de sus dominios; le ha ocurrido como a Sancho Panza, que nunca supo dónde Estaba la ínsula Barataria ni por dónde se iba a ella ni por dónde se venía, lo cual no le impidió dictar preceptos notables que si los hubieran cumplido hubieran dejado tamañitas a nuestras famosas leyes de Indias, a las que tampoco se dio el debido cumplimiento, por lo mismo que eran demasiado buenas.
La fórmula: «media legua de frente al arroyo tal, por legua y media de fondo,» hubiera sido de relativa claridad, de no haber sido, a veces, otorgada a favor de muchísimas más personas de lo que tenía el arroyo aludido, de medias leguas de frente; pero se solía complicar el asunto, cuando, con este tono de majestuosa brutalidad de conquistador, en que están empapadas las leyes de Indias, agregaba el título: «hasta que topare con quien topare.» ¡De qué fondo lo podía armar al favorecido con semejante título, un agrimensor de buena voluntad!
La Recopilación Castellana, las Partidas y demás códigos españoles, destinados a suplir la deficiencia de las leyes de Indias, contenían muchas disposiciones dispersas y algunos títulos enteros sobre materias comerciales, mas no formando estos verdaderos fragmentos un cuerpo de doctrinas coherentes, apenas bastaban para resolver ciertos y determinados casos entre los varios e innumerables que ocurren en la vida práctica del comercio.
¿Podrá llamarse nuestro código el de esas leyes de Indias dictadas para neófitos, y en que se vende por favor de la piedad lo que sin ofensa de la naturaleza no puede negarse a ningún hombre?
Las leyes de Indias declararon que la América era una parte o accesión de la corona de Castilla, de la que jamás pudiera dividirse; yo no alcanzo los principios legítimos de esta decisión; pero la rendición de Castilla al yugo de un usurpador, dividió nuestras provincias de aquel reino; nuestros pueblos entraron felizmente al goce de unos derechos que desde la conquista habían estado sofocados; estos derechos se derivan esencialmente de la calidad de pueblos, y cada uno tiene los suyos, enteramente iguales y diferentes de los demás.
Consultad los anales de España, de América, de Venezuela; examinad las leyes de Indias, el régimen de los antiguos mandatarios, la influencia de la religión y del dominio extranjero; observad los primeros actos del gobierno republicano la ferocidad de nuestros enemigos y el carácter nacional.
Ha de continuar el Virrey de Buenos Ayres con todo el lleno de la Superior Autoridad y omnímodas facultades que le conceden mi Real Título ó Instrucción, y las Leyes de Indias, como á Gobernador y Capitán General en el distrito de aquel mando, á cuyos altos empleos correrá agregada el de Presidente de la Audiencia y Cancilleria que tengo resuelto establecer en la espresada Capital; pero dejando la Superintendencia y arreglo de mi Real Hacienda en todos los ramos y productos de ella, como yá lo tengo mandado, al cuidado, dirección y manejo de la Intendencia General de Exército y Hacienda que se halla establecida en el mismo Virreynato, y á que estarán subordinados los demas de Provincia que en él mando erigir por esta Instrucción.
Así los Intendentes-Corregidores, como sus Tenientes, tendrán mui á la vista, y harán particular estudio de todas las Leyes de Indias que prescriben las mas sabias y adaptables reglas para la administracion de justicia, y el buen gobierno de los Pueblos de aquellos mis Dominios; y tambien examinarán con particular atencion lo establecido en las de estos Reynos, á que deben arreglarse en defecto de aquéllas, no siendo unas ni otras contrarias á lo prevenido en esta Instrucción.