Le duele

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Le duele   
Ejemplos ?
El hombre me decía que él diera los ojos de su cara por tenerte a la verita suya, pero que comprende que toa la razón la tiées tú manque él no te lo diga, porque le duele tener que dar su brazo a torcer; pero él comprende que tu madre jace bien en no querer dirse del lao de la sepurtura de su marío, tu padre, que de Dios haiga; y además dice que no jaces tú na demás, sino mu bien y mu requetebién, en no premitir en asepararte de la que te echó al mundo, porque la que no es güena hija no puée ser nunca ni güena mujer ni güena compañera.
Y por fin duerme, por fin. Un estremecimiento recorre su cuerpo. La cabeza le duele y aunque hay tanto frío, dentro le invade un calor sofocante. Y sueña.
Recibe de mí este aseguramiento: no temblaré en la última hora, ya estoy preparado, no me hago nunca con la posibilidad de un día entero. Tu alaba e imita a aquél a quien no le duele morir siéndole grata la vida; porque, ¿qué virtud tiene salir cuando eres lanzado?
Pero, volvió el criado más encogido todavía: – Dice que está dispuesto a pagar cualquier multa, pero que, a sus años, le duele mucho verse apartado de los suyos.
A esto no pudo sufrir más el malhumorado, que le pareció burla quererle probar que estaba viendo visiones; y enderezando un bastón que traía en la mano, conforme le había de dar una razón, a estilo de Correo, diole un palo, y tras éste otro, y tras éste cuantos pudo; y como se quejase el filósofo con gritos descompasados rogándole no le pegara más, le repetía a cada golpe: -Se equivoca usted, señor filósofo, que yo no le pego; es una ilusión de sus sentidos -y dábale otro y le añadía-: Es mentira; a usted no le duele, sino que se le figura.
Vea usted cómo no hubiera tenido que ir a Francia por epígrafe, que a fe está lejos para andarse yendo y viniendo a cada triquitraque, si no es por las cosas más precisas; lo que sí parece es que están los redactores combalachados, se han dado de ojo para traducir; a la verdad, no se llevan el canto de un real de a ocho; y vaya esta chinita por aquel quidlibet audendi, de que todavía se está quejando Horacio; apostaría cualquier cosa a que le duele más que el triste papel que le están haciendo hacer en la otra vida...
¿te has encontrado nunca a tus propios ojos más interesante que ahora? ¿Cómo sabe uno que tiene un miembro si no le duele? –Bueno, y ¿qué voy a hacer yo ahora?
¡Vaya usted a saber por qué una mocita de dieciséis o diecisiete adelgaza, rehúsa la comida, se vuelve más amarilla que un limón, tiene siempre ojos de llorar y cara de morir, se encierra en su cuarto y se pasa el día echada sobre la cama o sentada en un rincón oscuro, caídos los brazos, caída la cabeza, sin responder cuando le hablan y sin decir, por más que la acosen y pregunten, ni qué le duele, ni el origen de su mal!
-¡Esas son patrañas! Que se lave el pie en la acequia y que se envuelva con un trapo. -¡Pero si le duele! -intervino Enrique-. No puede caminar bien.
Angélica, invisible al sarraceno, sola se va, mas harto conturbada; porque le duele que en el sitio ameno quedara el yelmo al irse apresurada.
Confesáronle la verdad. Nuestro artista era de un geniazo más atufado que el mar cuando le duele la barriga y le entran retortijones.
XLV La quietud de su dueño prevenida sin efusión de sangre, la campaña de Carrión le duele humedecida, fértil granero ya de nuestra España, pobre entonces y estéril, si perdida la mejor tierra que Pisuerga baña; la corte les infunde, que del Nilo siguió inundante el fructuoso estilo.