Latona


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Latona (Lētō)

 
mit. Divinidad griega, hija de los titanes Ceo y Febe y madre de Apolo y Artemisa.
Ejemplos ?
Yo, Febo, el hijo de Latona, estoy ante ti y te hablo, Y tú, Orestes, que, armado, amenazas a esa joven, detente ya para oir lo que vengo a decirte.
Han excedido al miedo ya mis bienes: fingid que quitarse algo a este pueblo de los hijos míos pudiera: no, aun así, al número de dos me reduciría expoliada, de Latona la multitud, la cual, cuánto dista de una huérfana.
Y no el dolor este solo: a su siniestra acción insultos 210 la Tantálide ha añadido y a vosotros posponer a los hijos suyos se ha atrevido y a mí –lo cual en ella recaiga– huérfana me ha dicho y ha exhibido la lengua, maldita, paterna.” Añadido súplicas habría la Latona a estos relatos: “Deja”, Febo dice.
DERCENO, antiguo rey de Laurento. DIANA, hija de Júpiter y Latona. Vengó a la guerrera virgen Camila, haciendo dar muerte a su matador Arrunte, por mano de la ninfa Opis.
Sobre sus cuerpos helados se postra y sin orden ninguno besos dispensa, los supremos, por sus hijos todos, desde los cuales al cielo sus lívidos brazos levantando: “Cébate, cruel, de nuestro dolor, Latona, 280 cébate”, dice, “y sacia tu pecho de mi luto y tu corazón fiero sacia”, dijo.
La aceituna, la achicoria y la humilde malva proveen a mi sustento, y sólo te suplico, hijo de Latona, que me permitas gozar sano de cuerpo y alma los pocos bienes adquiridos, y que no se arrastre torpemente mi vejez, privada de pulsar la cítara.
Los altares de la hija de Latona quedarán sin coronas en la espesa selva, y con tu destierro cesará el apremio nupcial con que te asediaban las jóvenes.
Por estos tiempos Latona dio a luz a Apolo, no aquel a cuyos oráculos dijimos arriba que solían acudir las gentes de todas partes, sino aquel de quien sé refiere que con Hércules apacentó los rebaños del rey Admeto; a quien, sin embargo, de tal suerte le tuvieron por dios, que muchos, y casi todos, piensan que éste y el otro fue un mismo Apolo.
quella que nos informa, que aunque tres formas vistió, no querrá un hombre, y que no será de ninguna forma; pues si bien Plutón de un cuerno la llevó por su querida, de estos casados la vida vino a ser luego un infierno; con quien de amoroso empeño no hay quien acordarse cuente, y aun Endimión solamente se acuerda como por sueño; hija de Jove (un borracho) y Latona...
Cual Diana, cuando en las riberas del Eurotas o en los collados del monte Cinto ejercita los coros de sus oreadas, que en gran tropel se agolpan en torno suyo; lleva la diosa su aljaba pendiente del hombro, y al andar sobresale por cima de las otras diosas: un secreto placer conmueve el pecho de Latona; tal aparecía Dido, tal circulaba satisfecha por en medio de los suyos, activando las obras y la futura grandeza de su reino.
¡Salve, oh hija de Latona y de Zeus, Artemisa, la más hermosa de las vírgenes, que habitas en el vasto Urano la noble morada de tu padre, la morada resplandeciente de oro de Zeus!
He aquí los días del sabio Zeus: el primero, el cuarto y el séptimo, días sagrados, porque en esle último Latona parió a Apolo el de la espada de oro; el octavo y el noveno, dos días del mes que avanza, convienen a los trabajos de los mortales; el undécimo y el duodécimo sobresalen ambos, uno para esquilar las ovejas y otro para cortar las alegres espigas; pero el duodécimo es mejor que el undécimo, porque entonces la araña, suspendida en el aire, corre en pleno estío, en tanto que la prudente hormiga amontona sus provisiones.