Laomedonte

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Laomedonte

  (gr. Laomédon)
mit. Rey legendario de Troya, supuesto padre de Príamo.
Ejemplos ?
¿Ignoras, ¡ay! ¡miserable! no conoces todavía los perjurios de la raza de Laomedonte? ¿Qué debo hacer, pues? ¿Acompañaré sola y fugitiva a esos soberbios mareantes, o me uniré a ellos seguida de mis Tirios y de mis pueblos todos?
Me acuerdo de que habiendo ido Príamo, hijo de Laomedonte, a visitar el reino de su hermana Hesione, arribó a Salamina y fue de paso a recorrer los helados confines de nuestra Arcadia.
A ellos algún señor mayor, conjuntamente volando los mares anchos, los contempla, y hasta el fin conservados alaba sus amores: 750 uno a su lado, o él mismo si la suerte lo quiso: “Éste también”, dijo, “que el mar rozando y con sus patas recogidas contemplas –mostrándole alargado hacia su garganta a un somorgujo– regia descendencia es, y si descender hasta él en orden perpetuo intentas, son el origen suyo 755 Ilo y Asáraco y, raptado por Júpiter, Ganimedes, o Laomedonte el anciano, y Príamo, a quien los postreros tiempos de Troya tocaron.
Ni Apolo, cuando estuvo de pastor al servicio de Laomedonte, apareció tal como entonces apareció Dafnis, quien, lleno de rubor, sin hablar palabra y los ojos inclinados al suelo, presentó sus dones.
Euríalo dio muerte a Dreso y Ofeltio, y fuese tras Esepo y Pedaso, a quienes la náyade Abarbarea concibiera en otro tiempo del eximio Bucolión, hijo primogénito y bastardo del ilustre Laomedonte (Bucolión apacentaba ovejas y tuvo amoroso consorcio con la Ninfa, la cual quedó en cinta y dio a luz los dos mellizos): el Mecistíada acabó con el valor de ambos, privó de vigor a sus bien formados miembros y les quitó la armadura de los hombros.
Pero si aguijando los caballos logras dar la vuelta a la meta, ya nadie se te podrá anticipar ni alcanzarte siquiera, aunque guíe al divino Arión —el veloz caballo de Adrasto, que descendía de un dios— o sea arrastrado por los corceles de Laomedonte, que se criaron aquí tan excelentes.
Sólo Celeno quedó posada en una eminente roca, desde donde, fatal agorera, rompió a hablar en estos términos: "Hijos de Laomedonte después de habernos movido guerra, destruyendo nuestros ganados, ¿todavía intentáis expulsar a las inocentes arpías del reino de sus padres?
«Ilión, Ilión, un Juez incestuoso y fatal para ti y una mujer extranjera te han reducido a pavesas, pues desde el día en que dejó Laomedonte de pagar a los Númenes las pactadas recompensas, su pueblo, con su fraudulento rey, fue entregado a mi venganza y a la de la casta Minerva.
No sabiendo, pues, dioses tan grandes, Neptuno y Apolo, que Laomedonte les había de negar el premio de sus tareas, edificaron graciosamente a unos ingratos los muros de Troya.
Ya no te acuerdas de los muchos males que en torno de Ilión padecimos los dos, solos entre los dioses, cuando enviados por Zeus trabajamos un año entero para el soberbio Laomedonte; el cual, con la promesa de darnos el salario convenido, nos mandaba como señor.
— El Bóreas enamoróse de algunas de las que vio pacer, y transfigurado en caballo de negras crines, hubo de ellas doce potros que en la fértil tierra saltaban por encima de las mieses sin romper las espigas y en el ancho dorso del espumoso mar corrían sobre las mismas olas— Erictonio fue padre de Tros, que reinó sobre los troyanos; y éste dio el ser a tres hijos irreprensibles: Ilo, Asáraco y el deiforme Ganimedes, el más hermoso de los hombres, a quien arrebataron los dioses a causa de su belleza para que escanciara el néctar a Zeus y viviera con los inmortales. Ilo engendró al eximio Laomedonte, que tuvo por hijos a Titonio, Príamo, Lampo, Clitio e Hicetaón, vástago de Ares.
Mas cuando las alegres Horas trajeron el término del ajuste, el soberbio Laomedonte se negó a pagarnos el salario y nos despidió con amenazas.