La Vega

Vega, La

 
Prov. del centro de la República Dominicana, accidentada por la Cordillera Central; 3 442 km2 y 300 800 h. Cap., Concepción de la Vega.
Ejemplos ?
Hecho en Guayaquil, en cinco de Mayo de mil y seiscientos y veintisiete años. En testimonio de verdad, Diego Rodríguez Urbán de la Vega.
Junto a la troje la esperanza ruega; en el amor abrevan las fatigas, y del seno oloroso de la vega sube el himno triunfal de las espigas.
-Porque no podía ser, por dos motivos: porque yo no podía seguir de aquella manera, porque yo no he nacío pa zángano ni pa vivir a costa de mi mujer y porque mi tío, cuando me mandó llamar, lo hizo porque tenía medio cuerpo muerto y no tenía a naide más que a mí que velara por sus cuatro ochavos, y a mí mi tío, que Dios tenga en su santa gloria, me había servido de padre y de madre, y si no me sirvió de nodriza fue porque le faltó con qué, porque yo cuando andaba a gatas me quedé solito en el mundo, sin más calor que la suya, y este negocio, bien llevao, es un cortijo en la vega...
De este cerro irá en línea recta a la cumbre más alta de Tres Cerritos (42) y en seguida en línea recta al cerro Challacollo (43) y a la estrechura de la vega de Sacaya (44), frente a Villacollo.
IDA DE MARCO BRUTO Escríbele por el texto de Plutarco don Francisco de Quevedo Villegas, Caballero del Hábito de Santiago y Señor de la Torre de Juan Abad Dedicatoria Al Excelentísimo señor don Rodrigo Díaz de Vivar y Mendoza de la Vega y Luna...
— Por allí marcha con su cortejo, La cabeza llena de plumajes Y de perlas muy finas el cuerpo, Con la luna rendida a sus plantas, Con el sol escondido en el pecho. Esta noche en la vega se escuchan Los relatos brumosos del cuento.
Yo, Diego Rodríguez Urbán de la Vega, Escribano del Rey Nuestro Señor, Notario del Santo Oficio, certifico y doy fe que Fermín de Asiayn, de quien va signado el poder de suso, es tal Escribano como se nombra, y a todo lo que signa y firma como tal Escribano se da entera fe y crédito en juicio y fuera de él.
-Pos, señó -continuó el señor Curro, después de detenerse un punto para paladear una copa que acababa de ofrecerle el Tulipa-, el Niño, ya arrematao el tratillo que le había llevao a Gaucín, encomenzó un día a tallarse cuatro púas en la posá del Tomillares, y lo que pasa, que se puso a medias con el Carilargo de Utrera y arremataron por montar un tenderete, y como el Niño cuando se puée ganar honradamente la vía tirándole el pego al lucero de la tarde se la gana, y como en eso de tirar el pego, dicho sea sin ánimo de agraviarle, es el mozo to un catedrático, pos es naturá, a las dos semanas de haberse establecío tenían el Carilargo y él pa mercar dos cortijos en la vega.
Certifico yo, Diego Rodríguez Urbán de la Vega, Escribano del Rey Nuestro Señor y de la Visita de la Real Caja de esta Ciudad de Guayaquil, que Fermín de Asiayn, que signó y firmó arriba, es Escribano como se nombra y a todo lo que ante él pasa se da entera fe y crédito en juicio y fuera de él.
Pasan las yuntas de bueyes y los rebaños de moruecos, y las cabras saltarinas, y las cargoneras del valle, y los campesinos de la vega, y los cadíes envueltos en sus magníficos albornoces escarlatas, con los bordes revestidos de una trencilla de oro, cantan los muecines a la hora eterna el pregón de la oración, y hace bailar el buñuelero sus buñuelos en la sartén, y Abdalá el Ladrón está allí, sentado sobre su polvorienta esterilla amarilla, repitiéndose por milésima vez.
Jorge de la Vega, como Presidente, y Manuel Camacho Solis, como Secretario General, dejan una huella en nuestra Institución Política.
La noche era clara; la hora, las once; el camino, solo, y el paso, tardo, por no pagar con cansancio la pensión que traen consigo las holguras que en el río o en la vega se toman en Toledo.