La Romana

Romana, La

 
Prov. del SE de la República Dominicana, en el libro del Caribe; 658 km2 y 162 400 h. Cap., la c. homónima (91 571 h).
Ejemplos ?
Seis fuentes de mármol, pequeñas, pero de gracioso y sencillo gusto, brindan en ella con el agua más deliciosa de la ciudad, y le sirve de entrada un monumento de la antigua Hispalis y de la romana dominación.
140 Vimos a Craso, sangrienta el espada de las batallas que fizo en Oriente, aquél de quien vido la romana gente su muerte plañida, mas nunca vengada; e vimos la mano de Muçio quemada, al qual la salud del fuerte guerrero más triste lo dexa que no plazentero le faze la vida por él otorgada.
Ella me puso por condición pa casarse conmigo que no se había de mover de su jornacina, y yo, que estaba que echaba más jumo que una calera, entré con toas como la romana del diablo, con la esperanza de que aluego, con tres cimbelás y tres trinos de chamarín la metería en la malla y haría ella mi gusto.
Casaca corta con carteras a lo largo, forro pantalón, y capote azul turquí, solapa, cuello, vueltas, y vivos anteados. Palma y sable en el cuello. Casco a la Romana. Cabos amarillos.
Pantalón de paño azul con botonadura al lado, figurada media bota de piel, y forrado en el entre piernas, y en la parte que rosa el sable y la tercerola. También se les dará pantalón de ante. Casco a la romana. Media botas con espuelas pegadas, y herradura en el taco.
La romana es negra y la catalana es blanca. La romana es fría, la catalana inflama todo lo que se le acerca. Este final provocó cales hurras, tan estrepitosos aplausos, y risas tan escandalosas, que creí que el techo iba a desplomarse sobre nuestras cabezas.
En materia de trabajo nuestras abuelas eran la romana del diablo, y cuando un hombre se casaba encontraba en la conjunta, no sólo la costilla complementaria de su individuo, sino un socio mercantil que le ahorraba el gasto de dependientes.
Aseguro a usted que si, como soy el último, fuese el primero de mi Junta, les hubiera cargado sobre esto la romana; pero, bien pueden variar de conducta por el mal que pueden hacer y el que pueden recibir.
El caso es que no me faltaban hembras, no, señor... Yo he sido siempre de buen acomodo, y entraba con todas, ¡je, je!, como la romana del diablo.
-decía el coronel- fue hecho prisionero por los franceses cuando tomaron a Málaga y de depósito en depósito, fue a parar nada menos que a Suecia, donde yo estaba también cautivo, como todos los que no pudimos escaparnos con el Marqués de la Romana.
Quería decir su liga. – Hijo mío, elige la Venus que prefieras, la romana o la catalana. El muy pícaro se queda con la catalana y se lleva la mejor parte.
Por estos logros la Bondad suprema dispone que en su sien no sólo asiente de aquel inmenso Imperio la diadema que fue de Augusto y la romana gente; mas de aquella región de tierra extrema que no conoce sol ni estación siente; y quiere bajo él en aquel año que sea uno el pastor y uno el rebaño.