La Niña

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La Niña

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¡A cuántas conjeturas se presta este verbo! ¿Qué era de la niña?... A aquella hora, cuando Revenga penetraba en su morada lujosa, en su comedor que la electricidad alumbraba espléndidamente y la leña de encina calentaba, intensa y crujidora; cuando la intimidad del hogar le sonriese, y las golosinas de Nochebuena lisonjeasen su apetito, ¿dónde estaría la abandonada?
Tal vez hubiese valido más que ni la niña hija del populacho, ni yo, el refinado intelectual, nos hubiésemos encontrado para perpetuar el sufrimiento.
Mientras la niña engolfada está en serias reflexiones, anda el papá sin botones, con la camisa rozada y un siete en los pantalones.
(1986) El hablador (1987) Elogio de la madrastra (1988) Lituma en los Andes (1993), Premio Planeta Los cuadernos de don Rigoberto (1997) La Fiesta del Chivo (2000) El paraíso en la otra esquina (2003) Travesuras de la niña mala (2006) El sueño del celta (2010) El héroe discreto (2013) = La huida del Inca (1952) La señorita de Tacna (1981) Kathie y el hipopótamo (1983) La Chunga (1986) El loco de los balcones (1993) Ojos bonitos...
-Es que lo que le ha pasáo al Zamora tiée la mar de filo y la mar de contrafilo; que es mucha labor la que se ha cargao con él Cristóbal el Mulete y la Niña del Romero.
-Sí que jué una charraná, pero como el padre de la Niña le tiée tanto apego cuasi como a ella al cubril en que ha nacío, como no hay en él parmo e tierra que no haiga regáo con el suor de su frente, como er día que le quitaran a él su lagarillo sería como si le quitaran el sol que lo alumbra y lo calienta, pos velay tú, el hombre encomenzó a machacar en la zagala diciéndole que si no consentía en dejar al Cristóbal y en casarse con el Zamora diba a tirarse de cabeza por el Tajo de los Azules.
-Esa es la verdá que no es más que una, pero la Niña, que no se muerde la lengua cuando no es debío, pues no se la ha mordío, y le dijo al tío Pepe: -Mire usté, padre, no quieo yo que usté se tire por el Tajo de los Azules, y si a su mercé le tiran mas estos manchones y estos pencares que mi feliciá, yo transijo, yo me casaré con Joseito el Zamora.
La generala, tan joven que casi habría podido pasar por hija de un primer matrimonio del militar, no se asomaba nunca a la ventana a mirar al patio, pero tenía mandado que, si bien el pequeño de «la gente del sótano» podía jugar con la niña, no le estaba permitido tocarla, y el ama cumplía al pie de la letra la orden de la señora.
Daré las gracias a Dios, y se las daré también por el restablecimiento de Emilita. La niña salía adelante, en efecto, y lo mismo hacía Jorge.
Cortaban la fruta y se la repartían por igual; luego se repartían también las semillas y se las comían todas menos una; tenían que plantarla, había dicho la niña.
¡Llamas y llamas! Jorge abrió la puerta de la habitación de la niña. La cortina de la ventana estaba casi completamente quemada, y el barrote ardía.
-¿Pos qué diba a jacer el hombre?, salir dando volteretas por la umbría, y tan y mientras el Mulete montó en su jaco, cogió a la Niña, que se dejó coger por el talle, y endispués de colocársela a la grupa, pos ná, picó espuela el gachó, y que te alivies, moreno...!