La Coronada

Coronada, La

 
Mun. de la prov. española de Badajoz; 2 468 h.
Ejemplos ?
Muñoz, en su libro impreso en Madrid en 1657, dice que Gregorio López nació en la coronada villa del oso y el ma- droño, en 1542: que fué bautizado en San Gil, parroquia del Alcázar Real; que, en América, á nadie.
Después de unos días de marcha, llegó el primero a Madrid, y halló a la coronada villa mezclando las amargas aguas de sus lágrimas con las puras y dulces de su querido Manzanares.
Ese «personaje» no está de moda, y, sin embargo, ¡caramba, confiésenlo!, en él «nos movemos, vivimos y somos» todos los pecadores y epicúreos de la coronada villa y de cuantas villas existen.
El primero iba de noche, desde que desparecían los crepúsculos de ocaso en las montañas vecinas, hasta que las altas torres de la coronada villa recordaban los sufragios de las ánimas benditas.
Sus pies la llevarán á peregrinar lejos. 8¿Quién decretó esto sobre Tiro la coronada, cuyos negociantes eran príncipes, cuyos mercaderes eran los nobles de la tierra?
Esquilache, al regresar a España en 1622, fue muy considerado del nuevo monarca Felipe IV, y murió en 1658 en la coronada villa del oso y el madroño.
No te detenga, oh diosa, esta región de luz y de miseria, en donde tu ambiciosa rival Filosofía, que la virtud a cálculo somete, de los mortales te ha usurpado el culto; donde la coronada hidra amenaza traer de nuevo al pensamiento esclavo la antigua noche de barbarie y crimen; donde la libertad vano delirio, fe la servilidad, grandeza el fasto, la corrupción cultura se apellida.
Hablándose un día delante de la madre Monteagudo sobre la desgracia en que, para con la corte, había caído el trinitario, dijo un caballero que acababa de llegar de España: -Tienen los arequipeños obispo de por vida; pues me consta que en la coronada villa no hay quien hable en favor del Sr.
Así, pues, un hermoso día de abril, en que los pájaros y las flores se regocijaban porque un sol radiante iluminaba los pintorescos tejados de la coronada villa, Luisa, vestida de gro blanco y pieles de armiño, colocada en sus rubios cabellos la virgínea corona de azahar, de cuyos temblorosos pétalos parecían escapar brillantes gotas de rocío, entregaba su mano a Carlos; y no bien concluida la ceremonia, la joven cambiaba su cándido vestido por otro de viaje y se metía en el ferrocarril con su marido.
A la sazón publicábase en Madrid un semanario titulado El Aviso, y que durante los reinados del tercero y cuarto Felipe fue periódico con pespuntes de oficial, pero en el fondo una completa crónica callejera de la coronada villa del oso y el madroño.
Higinio las siguientes que copiamos del documento original: «Ítem declaro: Que de la venta de mis bienes patrimoniales en la coronada villa de Madrid, he recibido la suma de setenta y dos mil pesos ensayados, los mismos que depositados tengo en Lima en poder de mi primo el excelentísimo señor virrey D.
Empapadas en luz y en armonías De aquel campo divino Las auras nuestro Plata atravesaron Y del callado lábaro argentino La coronada frente refrescaron.