Ejemplos ?
Esta circunstancia, tan fuera de la moda, me lla- mó la atención, y dije al amigo: — Tengo curiosidad de saber quién es esta señora de la mantilla.
Tiene carboncillos para pintar las cejas. — Vicente Simon, calcetero, al lado de la carcel de la Vi- lla — Medias de pelo y de arrugar.
"No te inquietes"... "tente tranquilo" La sinceridad, la cordura, la grave inconscien­cia de un ser puro alimentaban el amor de aque­lla criatura.
Uno de mis camaradas, que era un chico con más tras- tienda que una botica y más resabioso que un cornúpeta de lá Rinconada de Mala, interrumpió al narrador diciéndole: —En resumidas cuentas, hermano; si su san Benito es tan poderoso, bien puede competir con Dios, echarle la zancadi- lla y reemplazarlo.
Las galanas espinelas á un médico corcobado, á quien lla- ma ))iá doblado que capa de pobre cuando nueva y más torcido que una ley cuando no quieren que sirva; el sabroso coloquio entre la Muerte y un doctor moribundo; el repiqueteado romance á la bella Anarda, y otras muchas (1) Bate articulo fué encríto para servir de prólogo ¿ la oolección de poesías de Caviedes.
No atreviéndose el virrey á ponerse en pugna abierta con el pueblo, prohibiendo el feroz entretenimiento, sie decidió á reglamentarlo; y para ello empezó por aceptar la propuesta que hizo don Juan Garial para construir un coliseo en la pla- zuela de Santa Catalina y en terreno colindante con la mura- lla.
En vano hemos lla­mado a nuestros hermanos de México; han corrido ya mu­chos meses, y ninguna respuesta nos ha venido del interior; ningún socorro se nos ha enviado.
Partió este último con tres ataques de tanta sustancia, movimiento y prontitud, que hubieran hecho añicos á otro gallo que no hubiese sido el carmeltto, el que, sorteando sobre la cola, lla- móse a defensa y pudo escapar; y luego, citando un momento, dióle el car- meló un navajazo tan terrible al ajt'seco que éste se desparramó.
A través de los párpados entornados veía erguirse y doblarse sobre mí, guardando el mareante compás de la bogada, aquella figura de carbón, que unas veces me sonríe con sus abultados labios de gigante, y otras silba esos aires cargados de religioso sopor, una música compuesta solamente de tres notas tristes, con que los magnetizadores de algunas tribus salvajes adormecen a las grandes culebras.
En la lla-nura los chaparros tendían sus ramas, formando una a modo de sombrilla gigantesca, y sentados en rueda, algunos indios devoraban la miserable ración de tamales.
Y en tanto, la noche detendía por la gran llanura su sombra llena de promesas apasionadas, y los pájaros de largas alas volaban de las ruinas.
Todavía desde la puerta me envió una sonrisa. ¡Pero lo que acabó de prendarme fue aquella muestra de piedad! En la Villa Rica de la Veracruz fue mi alojamiento un venerable parador que acordaba el tiempo feliz de los virreyes.