Justino

Justino (Iustínus)

 
Nombre de varios emperadores bizantinos.
Justino I (450?-527) Emperador bizantino en 518-527. Defendió la ortodoxia cristiana contra el monofisismo y el arrianismo.
Justino II (m. 578) Emperador bizantino en 565-578, sucesor de Justiniano I. Durante su reinado los ávaros invadieron la Iliria y la Tracia.
Traducciones

Justino

Giustino
Ejemplos ?
Una noche al volver a casa, León encontró en su habitación un tapete de terciopelo y lana con hojas sobre fondo pálido, llamó a la señora Homais, al señor Homais, a Justino, a los niños, a la cocinera, se lo contó a su patrón; todo el mundo quiso conocer aquel tapete; ¿por qué la mujer del médico se mostraba tan «generosa» con el pasante?
Pero ya hablaremos de esto. Muchas gracias, ya veo; Justino tiene el farol. CAPÍTULO VII El día siguiente fue para Emma un día fúnebre.
El niño era precoz y liberal por instinto: así es que de aquellas aulas, de donde salieron Juan José Baz, Manuel Romero Rubio, Justino Fernández, Manuel Fernando Soto y tantos otros patricios de renombre a defender la Constitución de 1857 y las leyes de Reforma, salió y se alistó en las filas progresistas y en ellas sirvió hasta el año de 1861 en que se retiró con licencia y con un pie inutilizado por una bala de cañón en pleno campo de batalla.
Ocupa el primer puesto entre estos San Justino mártir, quien después de haber recorrido las más célebres academias de los griegos para adquirir experiencia, y de haber visto, como él mismo confiesa a boca llena, que la verdad solamente puede sacarse de las doctrinas reveladas, abrazándolas con todo el ardor de su espíritu, las purgó de calumnias, ante los Emperadores romanos, y en no pocas sentencias de los filósofos griegos convino con éstos.
Cuando llegó el momento de las despedidas, la señora Homais lloró; Justino sollozaba; Homais, como hombre fuerte, disimuló su emoción, quiso él mismo llevar el abrigo de su amigo hasta la verja del notario, quien llevaba a León a Rouen en su coche.
Para cuidarlos tenían, además de la muchacha, a Justino, el mancebo de la botica, un primo segundo del señor Homais que habían tomado en casa por caridad, y que servía al mismo tiempo de criado.
de la Peña y Barragán, Estevan Páez, Rafael María Villagrán, Francisco Fernández de Alfaro, Justino Fernández, Eulogio Barrera, Manuel Romero Rubio, Manuel de la Peña y Ramírez, Manuel Fernando Soto.
Y el mismo modo de disputar alaban y aprueban en Basilio el Grande, ya Gregorio Nacianceno (6), ya Gregorio Niseno (7), y Jerónimo le recomienda grandemente en Cuadrato, discípulo de los Apóstoles, en Arístides, en Justino, en Ireneo y otros muchos (8).
En fin, si la farmacia abierta al primero que llegaba, era el lugar donde mostraba su orguIlo, el la leonera era el refugio en donde, concentrándose egoístamente, Homais se recreaba en el ejercicio de sus predilecciones; por eso el atolondramiento de Justino le parecía una monstruosa irreverencia, y más rubicundo que las grosellas, repetía: Sí, de la leonera.
A los reproches con que le abrumaba, Napoleón comenzó a dar gritos, mientras que Justino le limpiaba los zapatos con un puñado de paja.
Vemos que los discípulos más inmediatos de los apóstoles, entre los que citaremos a Clemente de Roma, a Ignacio de Antioquía, a Policarpo, a todos los apologistas, especialmente Justino e Ireneo, para sus cartas y sus libros, destinados ora a la defensa, ora a la propagación de los dogmas divinos, sacaron de las divinas Letras toda su fe, su fuerza y su piedad.
Había incluso días en que, apenas llegaba a casa, subía a su habitación; y Justino, que se encontraba allí, circulaba silenciosamente, esmerándose en servirla más que una excelente doncella.