Isabela

Isabela

 
V. Española, La.

Isabela

 
Prov. de Filipinas, al N de la isla de Luzón, limitada al E por el mar de Filipinas (E); 10 661 km2 y 870 604 h. Cap., Ilagan.

Isabela

 
C. de Filipinas, en la isla de Mindanao, cap. de la prov. de Basilan; 49 891 h.
Ejemplos ?
Y, contra todo derecho y razón, la reina Isabela solicitó del papa Alejandro VI, para equitar las diferencias que sobre la conquista de las Indias había entre el rey de Portugal y D.
Los municipios de Camuy, Hatillo y Quebradillas. 12. Los municipios de Aguadilla e Isabela. 13. Los municipios de San Sebastián y Moca.
na noche ardorosa, después de haber cenado alguna cosa, la joven Isabela en su lecho acostada del todo despojada trataba de entregarse al dulce sueño.
Pues de la incomparable honestidad de Isabela, (que así la llamaban ellos) no se podía esperar otra cosa, ni aun él quisiera esperarla, aunque pudiera, porque la noble condición suya y la estimación en que a Isabela tenía, no consentían que ningún mal pensamiento echase raíces en su alma.
Mil veces determinó manifestar su voluntad a sus padres, y otras tantas no aprobó su determinación, porque él sabía que le tenían dedicado para ser esposo de una muy rica y principal doncella escocesa, asimismo secreta christiana como ellos; y estaba claro, según él decía, que no habían de querer dar a una esclava (si este nombre se podía dar a Isabela) lo que ya tenían concertado de dar a una señora; y así perplejo y pensativo, sin saber qué camino tomar para venir al fin de su buen deseo, pasaba una vida tal que le puso a punto de perderla.
Oyendo lo cual Isabela, le dijo: —No le dé pena alguna, señora mía, ese temor, que yo confío en el cielo que me ha de dar palabras en aquel instante, por su divina misericordia, que no sólo no os condenen, sino que redunden en provecho vuestro.
Clotaldo buscaba modos que pudiesen dar ánimo a su mucho temor y no los hallaba, sino en la mucha confianza que en Dios tenía, y en la prudencia de Isabela, a quien encomendó mucho, que por todas las vías que pudiese, excusase de condenallos por cathólicos, que puesto que estaban promptos con el espíritu a recebir martirio, toda vía la carne enferma rehusaba su amarga carrera.
Discurrieron aquella noche en muchas cosas, especialmente en que si la reina supiera que eran cathólicos, no les enviara recaudo tan manso, por donde se podía inferir que sólo querría ver a Isabela, cuya sin igual hermosura y habilidades habría llegado a sus oídos, como a todos los de la ciudad.
El escándalo repugnaba a su carácter; el escándalo podía herir de muerte a Isabela, su mujer, enterándola de lo que debía ignorar siempre...
Aquí puso silencio Isabela a sus honestas y discretas razones, y allí comenzó la salud de Ricaredo, y comenzaron a revivir las esperanzas de sus padres, que en su enfermedad muertas estaban.
LXXIV Jacobo, donde al Támisis el día mucha le esconde sinuosa vela, legítimas reliquias de María, sucesión adoptada es de Isabela; lo materno que en él, ceniza fría de nuevos dogmas, semivivo cela, a paz con el católico lo induce, afecto que humea si no luce.
Con tales razones, con tales encarecimientos subió al cielo las virtudes de Isabela, Ricaredo, que le pareció a su madre que Isabela era la engañada en llevar a su hijo por esposo.