Isócrates

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Isócrates (Isokrátēs)

 
(436-338 a C) Orador ateniense. Se propuso influir en la opinión pública a través de la enseñanza y las letras. Autor del discurso Panatenaico.
Diccionario Enciclopédico Vox 1. © 2009 Larousse Editorial, S.L.
Ejemplos ?
Además de los discursos de los logógrafos, contó con los de los demagogos (aplicados éstos a los discursos políticos tendentes a obtener el favor de las asambleas y muy criticados por los filósofos, por no buscar la verdad, lo que hizo crear a éstos otra clase de oratoria), las oraciones fúnebres (como el famoso Discurso fúnebre de Pericles recogido por Tucídides) y las arengas militares. Antifonte de Atenas Demóstenes Dinarco Hipérides Isócrates Lisias The History of History; Shotwell, James T.
Las fuerzas persas en Jonia y Licia recuperaron el control del Egeo y Mediterráneo y asumieron el control de muchas de las islas que habían pertenecido a Atenas, por lo que Isócrates de Atenas comenzó a predicar una cruzada contra los bárbaros, llamamiento si éxito porque ninguna de las ciudades-estado eran lo suficientemente fuertes.
Ateneo de Naucratis dice que su madre era una hetera tracia, pero esto no se considera seguro; de su padre heredó una gran fortuna. Tras una entrevista con Isócrates, su mente se dirigió a altos objetivos.
Clearco, que había sido discípulo de Platón y de Isócrates, mantuvo una política de acercamiento con los persas y fue el primer tirano de la ciudad que estableció en ella una biblioteca pero fue asesinado a causa de su carácter cruel y sanguinario.
En la época, sólo cuatro ciudades italianas compartían el honor de haber publicado obras maestras de la literatura griega: Milán, con la gramática de Lascaris, Esopo, Teócrito, un Salterio griego e Isócrates, publicadas entre 1476 y 1493; Venecia con el Erotemata de Crisoloras publicado en 1484; Vicenza con las reimpresiones de la gramática de Lascaris y el Erotemata de 1488 y 1490, respectivamente; y por último, la ciudad de Florencia con el Homero impreso por Lorenzo di Alopa en 1488.
De estos trabajos, solo el Teócrito y el Isócrates publicados en Milán y el Homero florentino eran clásicos griegos. Manucio seleccionó la ciudad de Venecia como el lugar más adecuado para desarrollar sus labores; se estableció allí en el año de 1490, y poco tiempo después brindó al mundo las ediciones de Hero y Leandro de Museo, el Galeomyomachia y el Salterio griego.
Platón pensaba que los sofistas no se interesaban por la verdad, sino solamente por la manera de convencer, así que rechazó la palabra escrita y buscó la interlocución personal, y el método fundamental del discurso pedagógico que adoptó fue el del diálogo entre maestro y alumno. Pero el gran maestro de la retórica griega fue Isócrates.
Martin: An Overview of Classical Greek History from Mycenae to Alexander (Panorama de la historia de la Grecia Antigua desde la época micénica hasta la de Alejandro); texto inglés, con índice electrónico, en el Proyecto Perseus. (Isócrates y la retórica).
Éstos distinguían entre naturaleza y convención y sostenían que todos los hombres eran iguales ante Dios, por lo que, por naturaleza, un hombre no podía darle un trato desigual a otro. Con el paso del tiempo, ser heleno pasó a considerarse, en palabras de Isócrates, un rasgo intelectual y no racial.
Fueron incluidos en el Canon alejandrino, a veces llamado "Canon de los Diez", compilado por Aristófanes de Bizancio y Aristarco de Samotracia. Antifonte Andócides Lisias Isócrates Iseo Esquines Licurgo Demóstenes Hipérides Dinarco Ya en tiempos de Homero (ss.
La aproximación «intelectual» a la oratoria de Gorgias (que incluía nuevas ideas, formas de expresión y métodos de argumentación) fue continuada por Isócrates, un educador y retórico del siglo IV a.
Como Solón estableció que cada persona debía defenderse en persona ante un tribunal, llegaron a crearse los llamados logógrafos, unos artesanos que se dedicaban a confeccionar discursos para quienes no sabían hacerlos a cambio de estipendio: autores como Antifonte, Lisias, que destacó por su naturalidad y aticismo, Iseo, famoso por su habilidad en la argumentación, y el más famoso de todos ellos, Isócrates, fueron logógrafos.