Hesíodo

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Hesíodo (Hēsíodos)

 
(s. VIII a C) Poeta griego. Cultivó el género epicodidáctico. Se le atribuyen dos obras. Una de ellas es Los trabajos y los días, en la que canta el trabajo, describe las labores del campo, da consejos a los navegantes e introduce un calendario. De estilo familiar, presenta un vivo sentimiento de la naturaleza. Su lenguaje es rico y variado, abundante en términos técnicos, expresiones concisas y perífrasis. De carácter más grandioso es su otra obra, Teogonía, una sistematización de varias concepciones cosmogónicas. Después de Homero, es la fuente más importante para el estudio de la mitología griega.
Diccionario Enciclopédico Vox 1. © 2009 Larousse Editorial, S.L.
Traducciones
Ejemplos ?
Némesis ha sido descrita como la hija de Océano (por Pausanias) o Zeus. Por su parte, Hesíodo la cree hija de la oscuridad y la noche (Érebo y Nix).
Obvio es que los privilegiados magos (de donde viene la palabra maestro: magis, magister; el que sabe más) o sacerdotes se enfocaran en el grámatos (escritos “sacros”) heredado de mitos, acciones instrumentales, estratégicas y comunicativas, según terminología de Habermas, y que un Hesíodo o un Homero, fueran leídos con una hermenéutica rigurosa que se extiende hasta la Edad Media: cuidado de que el texto estuviera bien escrito, bien pronunciado, bien leído, bien descifrado.
Se hizo con este medio expeditivo; dedicó una gran cantidad para compra de esclavos. Uno que supiera de memoria a Homero, otro Hesíodo, y aún designó nueve para los nueve poetas líricos.
Y así pasaban ante mis ojos la filosofía y la historia, serena, olímpica, a la manera de Hesíodo, saliendo de aquellos labios puros, como el reflejo de leyendas de otros tiempos, en mundos distintos del que nos rodea.
La musa despierta la inteligencia, trae paisaje de columnas y falso sabor de laureles, y la inteligencia es muchas veces la enemiga de la poesía, porque imita demasiado, porque eleva al poeta en un bono de agudas aristas y le hace olvidar que de pronto se lo pueden comer las hormigas o le puede caer en la cabeza una gran langosta de arsénico, contra la cual no pueden las musas que hay en los monóculos o en la rosa de tibia laca del pequeño salón. Ángel y musa vienen de fuera; el ángel da luces y la musa da formas (Hesíodo aprendió de ellas).
Es aquí donde sus metáforas adquieren una tonalidad inimitable. Hesíodo cuenta su Teogonía con fervor popular y religioso, y el sutil cordobés la vuelve a contar estilizada o inventando nuevos mitos.
Y no hay nadie que no prefiera tales hijos a toda otra posteridad si considera y admira las producciones que Homero y Hesíodo dejaron y el renombre y el recuerdo inmortal que esos hijos inmortales proporcionan a sus padres; o bien si se acuerda de los hijos que Licurgo dejó a Lacedemonia, que fueron la salvación de aquella ciudad y hasta diría que de toda Grecia.
Partiendo de allí, envueltas en densa niebla marchan al abrigo de la noche, lanzando al viento su maravillosa voz, con himnos a Zeus portador de la égida, a la augusta Hera argiva calzada con doradas sandalias, a la hija de Zeus portador de la égida, Atenea de ojos glaucos, a Febo Apolo y a la asaeteadora Ártemis, a Poseidón que abarca y sacude la tierra, a la venerable Temis, a Afrodita de ojos vivos, a Hebe de áurea corona, a la bella Dione a Eos al alto Helios y a la brillante Selene, a Leto, a Jápeto, a Cronos de retorcida mente, a Gea, al espacioso Océano, a la negra Noche y a la restante estirpe sagrada de sempiternos Inmortales. Ellas precisamente enseñaron una vez a Hesíodo un bello canto mientras apacentaba sus ovejas al pie del divino Helicón.
Renegados de Herodoto, de Hesíodo, de Apolodoro, de Ovidio, de Isidoro de Sevilla, de Alfonso X, el sabio; hasta de César Cantú, de Will Durant, de Veit Valentin, de Jacques Pirenne, de Walter Goetz y muchos otros profundos investigadores de nuestro pasado.
Estas viejas querellas de los dioses que nos refieren Hesíodo y Parménides, si fueron ciertas, que no lo sabemos, se producirían bajo el imperio de la necesidad y no del Amor, porque entre los dioses no hubiera habido mutilaciones ni cadenas ni tantas otras violencias si el Amor hubiera estado con ellos, y la paz y la amistad los habrían unido como ahora desde que el Amor es el que reina entre ellos.
No solamente los poetas Hesíodo y Homero "dieron a los Griegos sus dioses", sino que otros, como los artistas, han establecido religiones, aunque uno dude de darles este título, quizá, por considerarles demasiado superficiales.
Según Hesíodo, al principio existió el Caos; después la Tierra de amplio seno, base eterna e inquebrantable de todas las cosas, y el Amor .