Hernán Cortés

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Cortés, Hernán

 
(1485-1547) Conquistador español. En 1519 emprendió la conquista de México. Fundó Veracruz y se internó en el país. Hizo prisionero a Moctezuma, y conquistó la ciudad de México (Tenochtitlán). Recibió el título de marqués del valle de Oaxaca.
Ejemplos ?
Veo que Hernán Cortés ciudades ciento dará a este César sometiendo clanes y reinos de un oriente tan remotos que aquí, que en India estamos, son ignotos.
Parecía despertarse al golpe seco de la pierna de palo, mientras cruzábamos el vasto corredor, sobre cuyos muros se desenvolvía en viejas estampas la historia amorosa de Doña Marina y Hernán Cortés.
Francisco Jiménez de Cisneros, Alonso Pérez de Guzmán, el Bueno; El Cid Campeador..., Quevedo, Alfonso X, el Sabio; Murillo, Gravina, Churruca, Ercilla, Juan de Herrera, Lope de Vega, Pelayo, Mariana, Moreto, Calderón, Hernán Cortés, etc., etc.
IV - Conclusión Este Hernando, este mancebo era Hernán Cortés; su nombre, gloria la mayor de España, asombro y pasmo del orbe, lo dice todo.
Sí; conducido por la mano de Dios aquel instrumento de su omnipotencia, atravesó en frágiles naves españolas desconocidos mares, siguiendo el curso del sol, y descubrió las inmensas y ricas regiones de Occidente, que el heroísmo y la noble espada de Hernán Cortés y el arrojo y la dura lanza de Francisco Pizarro añadieron, con eterna gloria del nombre español y exaltación de la religión cristiana, a la monarquía española, haciéndola la más grande, la más opulenta, la más poderosa de la Tierra.
Sería menester relatar también cómo los guerreros de Abu Hafáz, después de saquear algunos lugares de la isla, quisieron abandonarla para no tener que luchar con el ejército del emperador de Grecia, y cómo Abu Hafáz, precediendo en esto a los catalanes en Galípoli y a Hernán Cortés en México, hizo incendiar las veinte naves, para que no quedase otro recurso que vencer o morir a la gente de armas que llevaba consigo.
Si con ellos hubieran observado a España los franceses que tanto y tan malo han dicho de nosotros, es seguro que la noble patria de Hernán Cortés, de Cervantes y de Murillo les hubiera mostrado algo más grande y verdadero que bandidos en cuadrilla, castañetas, manolas, toreros y mesones en despoblado.
Ella tenía que ayudarlo a comunicarse bien con ellos: MALITZIN, era su nombre y sobre todo, con el guía mayor de los castellanos: Hernán Cortés.
Sobre ella se hizo en el mismo año una versión española, publicada primero en El Socialista de Madrid y luego, en tirada aparte, con este título: Manifiesto del Partido Comunista, por Carlos Marx y F. Engels (Madrid, Administración de El Socialista, Hernán Cortés, 8).
Consideramos este testimonio totalmente revelador, de lo que sucedió en la invasión de México, desmitificando en la propia pluma de Hernán Cortés “la proeza de la conquista”, quedando en claro que fue la torpeza y ambición obtusa de los conquistadores lo que propició las guerras y matanzas de indios contra indios y no “la epopeya de un puñado de valerosos ¿soldados?
Por los tiempos en que el padre Chuecas andaba tras la flor del berro y parodiando en lo conquistador a Hernán Cortés, vivía en la calle de Malambo una mocita, de medio pelo y todavía en estado de merecer.
Pero existía un océano de por medio, la ambición y la corrupción de sus designados para llevar a cabo sus mandatos; desde Hernán Cortés (quien llegó a México, prófugo de la ley de Cuba), hasta el último Virrey La frase célebre de las leyes que llegaban de la península era “se acata, pero no se cumple”.