Helios

Helios (Hēlios)

 
mit. En Grecia, dios del Sol, hijo de Hiperión y de Eos.
Ejemplos ?
Este alzando los ojos al anchuroso cielo hizo esta plegaria: —Sean testigos Zeus, el más excelso y poderoso de los dioses, y luego la Gea, Helios y las Erinies que, debajo de la Tierra castigan a los muertos que fueron perjuros, de que jamás he puesto la mano sobre la moza Briseida para yacer con ella ni para otra cosa alguna; sino que en mi tienda ha permanecido intacta.
De todos los vivos que habitan el mar de confines atlánticos y ven la luz de Helios, honro á los que respetan mi poder y arruino á los que se alzan en contra mía.
El bizantino esmalte do irisa el rayo las purpuradas gemas; que enflora Junio si Helios recorre el cielo de azul edén, es lilial albura que esboza Mayo en una noche diáfana de plenilunio cuando las crisodinas nieblas se ven A tutiplén!
Y alababan unas el tejido edoniano de mis vestiduras exponiéndolo a la luz de Helios, y admiraban otras mi lanza tracia, y pronto me dejaron sin peplo y sin lanza.
Eros encanta á aquel cuyo corazón furioso invade, alado como es y brillante de oro; encanta á la naturaleza de los animales que habitan en las montañas y de los que están en el mar ó nutre la tierra, y de los que Helios ilumina con su esplendor, y de los hombres.
Domeñándose entre sí con sus propias manos, descendieron a la morada amplia y helada de Edes, sin honores. La negra Tanatos los asió, a pesar de sus fuerzas maravillosas, y dejaron la espléndida luz de Helios.
¿No consideras tu estado? ¿Has nacido de noble padre y desciendes de Helios, y servirás de ludibrio en las bodas de Jasón y de los hijos de Sísifo?
¿Por qué dioses he de jurar? MEDEA Jura por Gea, que pisamos, y por Helios, padre de mi padre, y al mismo tiempo por todos los dioses.
CORO Estrofa Me acechaba la desgracia y era segura mi perdición desde el día en que Alejandro cortó los abetos ideos, con el fin de navegar por el mar henchido, en pos del lecho de Helena, la más bella de las que alumbra Helios chisporroteando oro.
Es el único remedio á mis males. HIPÓLITO ¡Oh madre Tierra! ¡Oh luces de Helios! ¿Qué abominables palabras he oído? LA NODRIZA Cállate, ¡oh hijo!
EL CORO Nos has abandonado, nos has abandonado, ¡oh querida, oh la mejor de las mujeres que han visto la luz de Helios y la de Selana, que ilumina la noche chispeante!
Ahora, pues, Orestes, y tú, el más querido de los huéspedes, Pílades, se trata de deliberar con prontitud sobre lo que es preciso hacer. Ya el brillante resplandor de Helios despierta los cantos matinales de las aves y cae la negra Noche llena de astros.