Haro

Haro

 
Mun. de la prov. española de La Rioja, cab. de p. j.; 9 150 h.
Ejemplos ?
l C. Jaime Haro Rodríguez: - Su señoría, honorable asamblea. Hay una lágrima en el rostro de la patria, que no puede y que no debe de congelarse.
Juan de Orúe y Orbieto, caballero de la Orden de Santiago. Sevilla, Tomás López de Haro, 1692. Reimpreso en Barcelona, 1693 (tres ediciones).
No menos habilidad tenían, según don Gregorio de Tapia y Salcedo, el rey don Sebastián de Portugal, Pizarro, el conquistador del Perú; don Diego Ramírez de Haro, etc.; y en lo sucesivo se distinguieron en diversas épocas en esta habilidad y tuvieron gran fama, Cea, Velada, el duque de Maqueda, Cantillana, Oceta, Zárate, Sástago, Riaño, el conde de Villamediana, don Gregorio Gallo, caballero de la Orden de Santiago, quien inventó la espinillera para defensa de la pierna, llamada por él gregoriana y en el día mona por nuestros picadores.
¡Ay de vos si los tiene negros como el español D. Alfonso de Haro! Dijo, y se alejó riendo convulsivamente, mientras que la joven caía de rodillas sin voz ni aliento.
-Es noble y poderoso, y se llama D. Alfonso de Haro. -Venid, y contad con el brazo de vuestro siervo, »ESTANISLAO.» Mucho tiempo permaneció Magno de Kimi contemplando aquel retrato y aquella carta.
Ellos estando en aquesto, llegó don Diego de Haro: -Adelante, caballeros, que me llevan el ganado; si de algún villano fuera ya lo hubiérades quitado, empero, alguno está aquí a quien place de mi daño.
-Grave cosa me parece, le respondiera el de Haro, que querades vos, señor, al libre hacer tributario; mas por lo mucho que os quiero de mí seréis ayudado, porque yo soy principal, de mí os será pagado.
on Pedro Fernandez de Velasco, hijo de otro D. Pedro, Conde de Haro, y de Doña Beatriz Manrique, nació, según puede colegirse, en Búrgos el año de 1425.
esta maldita naturaleza que saqué de su tierra, y tan sucia, que no la he podido lavar con todo el Jordan y el Spíritu Santo encima dél, porque no me vino á mí en figura de paloma como al Conde de Haro y á los otros samaritanos de su linaje." Pero todavía resulta esta circunstancia más clara en las coplas que dirigió el Almirante á Villalobos cuando éste se retiró de la Córte en 1525...
Veía, pues, los altos de Almuradiel pintados de flores por los primaverales meses; el inmenso ejército africano, cuyos alquiceles y alfanjes, moviéndose sobre los lomos de los alazanes del desierto, aseméjanlos a nubes atravesadas por rayos, el Emir de los creyentes, sentado bajo su tienda de riquísimos colores, circuído de sus negros encadenados, que ofrecían viviente muro a su seguridad y resguardo, puesta la mano en la empuñadura de su sable, los ojos en los versículos de su Korán, y el pensamiento en su Alah; mientras de otro lado, reverberando el sol de Andalucía en sus petos y en sus cascos, la cruz al frente, los ejércitos cristianos; el buen don Lope de Haro en la vanguardia con sus fuertes montañeses...
Diego López de Haro, alférez mayor del rey y señor de Vizcaya, apellidado el bueno por sus relevantes prendas morales, y calificado por su coetáneo el arzobispo D.
Llamábanse Juan de Rada (aquel que más tarde acaudilló a los almagristas que asesinaron a Pizarro), Diego de Atora, Pilas de Atienza, Francisco de Chávez, Pedro de Mendoza, Hernando de Haro, Francisco de Fuentes, Diego de Chávez, Francisco Moscoso, Alfonso Dávila y Pedro de Ayala.