Hélade


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Hélade (Hellás)

 
Nombre que en la ant. Grecia Homero dio al centro de Tesalia, patria de los helenos. En la actualidad designa a todo el territorio del Estado griego.
Ejemplos ?
Y todos lo llamaban dichoso y proclamaban al argivo Orestes, hijo de Agamenón que reunió en otro tiempo el ilustre ejército de la Hélade.
Ciertamente, es la misma mujer de antes. ¡Aborrézcante los Dioses a ti, que me perdiste con éste y con la Hélade toda! ¡Oh desgraciada de mí!
Por esto, hijo querido, no querría verme abandonado de ti, aunque un dios en persona me prometiera rasparme la vejez y dejarme tan joven como cuando salí de la Hélade, de lindas mujeres, huyendo de las imprecaciones de Amíntor Orménida, mi padre, que se irritó conmigo por una concubina de hermosa cabellera, a quien amaba con ofensa de su esposa y madre mía.
Para la mayoría de las ciudades, es una desgracia el que un hombre ilustre y lleno de valor no tenga más recompensa que la que tienen los cobardes. Pero Akileo es digno de hombres, pues murió heroicamente por la tierra de la Hélade.
Llena de ignominia invoca a Themis, hija de Zeus, defensora de los juramentos, que la arrastró a la Hélade enfrente de su patria, atravesando de noche los mares hasta llegar a este alado y marino estrecho, de dificil paso.
Maldición! Es la Hélade; quiere despedazar a nuestro pueblo. SOSIAS: A su lado creí distinguir a Teoro, sentado en el suelo con cabeza de cuervo, y además a Alcibíades, que me dijo tartajeando: «Mira, Teolo tiene cabeza de cuervo».
En cuanto á tus amenazas de hacerme lapidar, escucha lo que he hecho en pro de toda la Hélade: Si las mujeres, en efecto, llevaran su audacia hasta el extremo de matar á sus maridos buscando un refugio en sus hijos y queriendo excitar la piedad de éstos con la exhibición de sus pechos, llegarían á no dar importancia al asesinato de sus maridos, siempre que para él hubiese cualquier pretexto.
Al llegar por décima vez la tenebrosa noche, salí del aposento rompiendo las tablas fuertemente unidas de la puerta; salté con facilidad el muro del patio, sin que mis guardianes ni las sirvientas lo advirtieran, y huyendo por la espaciosa Hélade, llegué a la fértil Ptía, madre de ovejas.
del dios-sátiro, las armoniosas caderas de Hermafrodito, el rapto de las ninfas, la cuadriga radiosa del hijo de Hiperión, los venustos cuellos, los lirados brazos de ebúrnea morbidez, los galopantes centauros: toda la fábula amable del pueblo selecto; de la Hélade dulce de Palas Atenea, al Musageta y Afrodita.
Lleno de justo odio, he hecho perecer á mi madre, que había traicionado en su ausencia á un hombre que era jefe de los ejércitos de toda la Hélade, y no había conservado su lecho sin mancilla.
En primer lugar, vives en la Hélade y no en país bárbaro, y has conocido en ella lo que valen el derecho y las leyes, no la arbitrariedad y la violencia; todos los griegos alaban tu ingenio, y has alcanzado gloria, y si habitases en los últimos confines del orbe, nadie hablaría de ti.
Heme de retorno del Archipiélago que recorrí en la trirreme del orfebre de Los trofeos; de retorno de la Hélade a que guiome el marmóreo Leconte; del país de los arrozales y los yamenes que visité con Téophile, «mago perfecto de las Letras»; de la Thulé brumosa, poblada de ligeras sombras de almas, a do fui en el yatch ligero del sibilino Stéphane de la Herodiade; del Versalles diciochesco del galante satanida, nuestro padre Verlaine ...