Hécuba

Hécuba

  (gr. Hekábe, l. Hecuba o Hecube)
mit. Esposa de Príamo, rey de Troya, madre de Héctor y Paris.
Ejemplos ?
LAMO, guerrero rútulo, muerto a manos de Niso. LAOCOONTE, sacerdote de Apolo, hijo de Príamo y Hécuba, cuya horrible muerte se describe en el libro II.
Citando gustoso, diré que precisamente porque Hécuba no tiene nada que ver con nosotros, es por lo que sus dolores constituyen un motivo trágico adecuado.
¿No sabes a cual edad comenzó a ser esclavo Hécuba, en cual Cresus, en cual la madre de Darius, en cual Platón, en cual Diógenes?
En cuanto Hécuba vio a Príamo cubierto con aquellos atavíos juveniles, ¿Qué insensato frenesí, mísero esposo, le dijo, "te impele a ceñir esas armas?
Malos preludios son para mí. HÉCUBA ¡Ay, ay de tu alma! POLIXENA ¡Habla! No me ocultes nada por más tiempo. ¡Tengo miedo, tengo miedo, madre!
Su sombra se aparece a Eneas para anunciarle el desastre de Troya, y le entrega la estatua de Vesta y el fuego sagrado. HÉCUBA, esposa del rey Príamo.
Porque no es acertado dolerse de sus desgracias, y porque habiendo habido tantas principales señoras tan desventuradas, no parece bien que os desesperéis. Contemplad a Hécuba, contemplad a Niobe.
Una que iguala a la Cumana en vieja o a Hécuba tal vez, llamó al piloto y preguntóle qué mejor coteja: si dejarse matar o si hacer voto de serles siervos como mansa oveja, según el uso que hay allí remoto.
Así obtendré cuanto anhelo. Pero conviene que me aleje de la anciana Hécuba, que de la tienda de Agamenón sale ahora, asustada por mi espectro, ¡Ay!
Al menos deberíamos dejar de sentir preferencias, prejuicios, o parcialidad de ninguna clase. Precisamente porque Hécuba no nos afecta en nada es por lo que sus dolores son un asunto tan grandioso en la tragedia.
La rueda de la Fortuna gira; un hombre es humillado por su caída, y otro elevado a las alturas. Todos muy exaltados; el rey se sienta en la cima, permítanle evitar la rutina ya que bajo la rueda leemos que Hécuba es reina.
Yo, vi a Neptólemo, ebrio de sangre, y a los dos Atridas en el umbral del palacio; vi a Hécuba y a sus cien nueras y a Príamo en los altares ensangrentando con sacrificios las hogueras que él propio había consagrado.