Guadarrama

Guadarrama

 
Macizo montañoso de la península Ibérica. Forma parte de la Cordillera Central, situado entre las sierras de Gredos y la de Somosierra. Pico Peñalara (2 469 m).

Guadarrama

 
Río de la prov. española de Madrid. Nace en Navacerrada y desemboca en el Tajo; 144 km.

Guadarrama

 
Mun. de la prov. española de Madrid; 8 805 h.
Ejemplos ?
--exclamó Gabriel, distinguido ingeniero de Montes, sentándose debajo de un pino y cerca de una fuente, en la cumbre del Guadarrama, a legua y media de El Escorial, en el límite divisorio de las provincias de Madrid y Segovia; sitio y fuente y pino que yo conozco y me parece estar viendo, pero cuyo nombre se me ha olvidado.
su nido busca silenciosa el ave por el bosque vecino, y en la torre lejana la trémula campana lanza el triste lamento vespertino; desde el cielo profundo, desplegando sus negros pabellones en fúnebres crespones va la noche cayendo sobre el mundo; al hálito invernal de Guadarrama...
IX En medio del campo, tiene la ventana abierta la ermita sin ermitaño. Un tejadillo verdoso. Cuatro muros blancos Lejos relumbra la piedra del áspero Guadarrama. Agua que brilla y no suena.
Más de una peluca venerable se estremeció en su correspondiente pelada, más de una boca agriamente arrugada quiso dejar oír observaciones; pero, por muy atinadas que hubiesen podido ser, el joven príncipe de Guadarrama les atajó la salida, abriendo bien grande, en benévola pero socarrona risa, su ancha boca de abultada barba hereditaria.
X IRIS DE LA NOCHE A D. Ramón del Valle-Inclán Hacia Madrid, una noche, va el tren por el Guadarrama. En el cielo, el arco iris que hacen la luna y el agua.
Claros, sonoros, libres arroyuelos Que vais de piedra en piedra juguetones Césped brotando y derritiendo hielos En curso inquieto y deleitables sones, Felices sois, pues que mundanos duelos No adormís, ni raquíticas pasiones Al compás con que os suelta y desparrama Desde sus canas cumbres Guadarrama.
speras Asturias, que os alzais gallardas a la vera vera de la mar salada; olas turbulentas, férvidas resacas que azotáis sus rocas y laméis sus playas; bosques rumorosos, prados de esmeralda que sacude el viento y acaricia el aura; valles apacibles, rígidas montañas, pinos de sus cumbres, flores de sus faldas: desde las llanuras por el sol tostadas, de aridez cubiertas, de verdor escasas, donde Manzanares, entre arenas pardas, su raudal mezquino bebe a Guadarrama, peregrino errante vine a esta comarca, sin vigor, sin fuerza, sin quietud, sin calma.
Ocioso fuera que yo, el autor del cuento o historia que acabáis de leer, estampase aquí las contestaciones que dieron a Gabriel sus compañeros y amigos, puesto que, al fin y a la postre, cada lector habrá de juzgar el caso según sus propias sensaciones y creencias… Prefiero, por consiguiente, hacer punto final en este párrafo, no sin dirigir el más cariñoso y expresivo saludo a cinco de los seis expedicionarios que pasaron juntos aquel inolvidable día en las frondosas cumbres del Guadarrama.
En vano airado le sacude el viento, Y en vano el ronco temporal le moja, Y en vano sobre el monstruo macilento Tan larga edad su pesadumbre arroja; Que siempre altivo y grande y opulento, Ni el vendaval ni la vejez le enoja; Y siempre rico, en su ciudad derrama Los arroyos que bebe en Guadarrama.
¿Con que no sigues bien, Ventura mio? ¿Con que escondido en casa así te apocas de Guadarrama ante el aliento frio? Pues ¿por qué no te alejas de esas rocas, helado pedestal del rudo monte ceñido siempre de sus blancas tocas?
Porque no nos interesaba la lucha en la llanura, a orillas del Duero, donde podía incluso ser objeto de resultados parcialmente desfavorables; que para Madrid bastaba y sobraba mantener inaccesibles todos los puertos por los cuales es posible la entrada Norte a Madrid, a través de la sierra de Guadarrama.
Romana, poco a poco, recobró la salud, se puso inmejorable; una de esas curaciones que hacen decir a los doctores: «El efecto de la aeroterapia no se nota hasta el invierno.» Lo extraño es que don Laureano, sin tomar más aires que los que descienden armados de navaja barbera de las altitudes del Guadarrama, también se mostró remozado, al menos en el genio y condición; volviose expansivo y casi galante; su dinero, oculto por la parsimonia, sudoroso de fatiga al multiplicarse en negocios sórdidos, empezó a ostentarse, a relucir, a correr con argentinos choques, sonoros y limpios como una explosión de risa.