Guadalquivir

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Guadalquivir

 
Río de España, en Andalucía. Nace en la Sierra de Cazorla, prov. de Jaén, y desemboca en el Atlántico por Sanlúcar de Barrameda. En sus orillas se levantan Córdoba y Sevilla. A partir de esta última es navegable. Sus principales afluentes por la derecha son el Gaudalimar y el Jándula; por la izquierda, el Guadiana Menor, el Guadalbullón, el Guadajoz, el Genil y el Guadaira; 657 km.
Traducciones

Guadalquivir

Guadalquivir

Guadalquivir

SM el Río Guadalquivirthe Guadalquivir
Ejemplos ?
Tres años estuve en Flandes, hasta que ha sido precisa mi vuelta a Sevilla, a causa de que mis deudos me avisan que de un mayorazgo, que de mi parte se litiga, importaba mi asistencia para afianzar mi justicia; y en esta última jornada, para no entrar con el día en la ciudad, excusando cumplimientos y visitas, me adelanté de vosotros a sestear en la orilla de Guadalquivir; aquí empieza la peregrina historia de otro suceso de que no tenéis noticia.
4 Sinopsis de la Jornada primera: Escena I: En la rivera del Betis (río Guadalquivir) don Juan conoce a doña Beatriz en una cacería, pero ella parte sin informarle su nombre.
Poseía no lejos de Sevilla el tutor una quinta retirada y alegre a maravilla, de olivos y naranjos rodeada, con un fresco jardín embellecida, con prolijo primor enriquecida y por Guadalquivir fecundizada.
Dejaste tus risueñas campiñas de Andalucía, las alegres y juguetonas aguas del Guadalquivir; tu cielo tan puro y sereno como el de estas preciosas comarcas; su temperatura deliciosa, una madre amorosa y familia, tierna que os amaba, sólo por seguir a un hombre; pero ese hombre era el esposo y el amado de tu corazón, y no vacilaste un momento en acompañarle y seguirle en sus peligros.
El Guadalquivir, ancho y caudaloso, enviaba al aire límpidos vahos de frescura, regalados vapores que se impregnaban del azahar de los jardines y del jazmín de las rejas.
No lejos de sus restos esparcidos, de musgo y de meleza revestidos, y de impuros reptiles habitados, Guadalquivir corría, y al monumento viejo en su fondo de arenas ofrecía claro y seguro, aunque voluble espejo; mostrando cuánto son breves y vanas las fortunas mundanas.
Nunca olvidaré las noches en que a tu luz argentina, sobre el agua cristalina del rico Guadalquivir, tendido en un barquichuelo contemplándote a mis solas, a la merced de las olas dejaba los remos ir.
Fácilmente pude orientarme. Me hallaba a la entrada del valle de Los Hermanos, no lejos de las orillas del Guadalquivir. Mientras observaba el paisaje, vi cerca del río a dos viajeros, uno de los cuales preparaba un almuerzo, mientras el otro sujetaba con la brida los caballos.
En un remanso, que forma el Guadalquivir, no lejos de Guelves, a las dos noches unos pescadores vieron, a la luz de escasa luna, de un joven ahogado el cuerpo, vestido aún.
Cojeando un poco, logré llegar a la orilla del Guadalquivir, y me acerqué al sitio donde los viajeros habían abandonado su almuerzo; era lo que yo necesitaba, pues me encontraba agotadísimo.
Magnífico Edén compuesto con los mares y alamedas, los templos y los palacios de Sevilla y de Florencia. Del turbio Guadalquivir con las frondosas riberas, los pescadores de Nápoles, las lagunas de Venecia.
El sol entre nubes de oro, de un cadáver comitiva, a la tumba del ocaso con majestad descendía, cuando la pieza de leva dio el trueno de la partida, del Guadalquivir soberbio retumbando en las orillas.