Gran Capitán

Gran Capitán

 
V. Fernández de Córdoba, Gonzalo.
Ejemplos ?
Rodeada de sus hijos y de sus nietos, nunca abandonó su lúgubre traje, no sin ofensa de todos los suyos, porque estando vivos se consideraba sola. = Livia había perdido a su hijo Druso, que debía ser un gran príncipe y ya era gran capitán.
En tanto que la capitulación venia firmada del Gran Capitán, quiso tener el gusto de ver el castillo, fiándose de la lealtad y confianza de los Franceses; pero estos indignos de su nombre, luego que le vieron dormido asaltaron la puerta del quarto en que reposaba con intención de asesinarle.
Todos los ensueños de doña Mencía se habían realizado. Estaba él cubierto de gloria, era llamado el Gran Capitán. Su nombre se pronunciaba y se oía con respeto en todas las regiones de Europa.
El francés los atosigó a entrambos: a Fernando las sospechas que traía, viendo a su enemigo interceder por el honor del vasallo en quien temía tan gloriosos servicios; y en Gonzalo Fernández la atención bien advertida en el peligro de dos malicias coronadas. Llegó a España el Católico y nunca pudo digerir aquel banquete del rey de Francia, ni se lo dejó digerir al Gran Capitán.
Que las revelaciones del asesino debieron ser de tal magni- tud que llevaran al ánimo del Libertador la convicción plena de que existía un círculo político que puso el puñal en manos de Candelario Espinoza, lo prueba el empeño de Bolívar por salvarle la vida, empeño que arrastró al Gran Capitán de Co- lombia hasta el pimto de hacer gala de sus facultades dictato- riales.
Habría querido dejar en el goce de sus ilusiones y de su entusiasmo por el Gran Capitán de Colombia, á los que no se han tomado el fatigoso trabajo de escudriñar el pa- sado.
Aunque lisonjeaban mucho al genio de Navarro estas correrías, en que adquirió el nombre de el Salteador Roncal, noticioso de la guerra que se emprendía en Napoles entre Franceses y Españoles, y estimulado del Gran Capitán, General del exército de España, abandonó el corso por irse á incorporar con él, y trabajar en obsequio de su Rey y de su patria.
Había votado por el pequeño cabo detrás del cual se ocultaba el gran capitán revolucionario, y Bonaparte le daba los grandes generales tras de cuya fachada se ocultaba un cabo mediocre.
invertidos en agua de Colonia para uso y consimio de su excelencia el Libertador, gasto que corre parejas con la partida aquella del Gran Capitán:— En hachas, picas y azadones, tres millones.
Dijéronle que el Gran Capitán quería levantarse con el reino de Nápoles; esto con todas las legalidades de la calunia y de la invidia.
Acreditan lo primero, en multitud innumerable, los acérrimos y audaces guerreros que por todos estilos ha criado Córdoba; ya para pasmo y terror de los enemigos de España, como el Gran Capitán; ya para perpetua desazón y sobresalto constante de los españoles mansos, como el Tempranillo, el Guapo Francisco Esteban, el Chato de Benamejí, el Cojo de Encinas-Reales, Navarro el de Lucena y Caparrota el de Doña Mencía.
Un historiador del pasado siglo dice: «En el archivo eclesiástico de Lima he encontrado varias cédulas e instrumentos firmados del marqués (en gallarda letra), los que mostré a varias personas, cotejando unas firmas con otras, admirado de las audacias de la calumnia con que intentaron sus enemigos desdorarlo y apocarlo, vengando así contra este gran capitán las pasiones propias y heredadas».