GIL

gil, a

adj./ s. Argent., Méx., Chile, Urug. coloquial Se aplica a la persona incauta, que tiene escaso entendimiento o a la que le falta la razón a este gil le toma el pelo todo el mundo.

gil

 
m. Individuo de cierto bando de la montaña de Santander, adversario de los negretes.
GILGrupo Independiente Liberal
Traducciones

Gil

SMGiles

gil

(esp Cono Sur)
A. ADJstupid, silly
B. SMFfool, twit
Ejemplos ?
Y otro para casas de Fundición y otro a las espaldas para la Carnicería Pública de la dicha Ciudad; señaló para el Matadero de la dicha CarnicerÍa unos corrales que están hacia la parte del Levante, entre los dos caminos que salen de Tomebamba para Quito, sobre una barranca que estan (a) un tiro de arcabuz de la dicha Ciudad de Cuenca. Y lo firmó de su nombre. Gil Ramírez Dávalos.
Y luego, incontinenti Su Merced del dicho Señor Gobernador, continuación de la fundación de la dicha Ciudad de Cuenca, nombro y señaló una cuadra de cuatro solares para en que se edifique y haga la Iglesia Mayor de la dicha Ciudad y un solar de ella, y para Casa del Señor Obispo o su Cura y Vicario que fuere en la dicha Ciudad, la cual dicha cuadra es la que está a la parte de(l) Levante en la una parte de la Plaza publica de ella. Testigos los dichos. Gil Ramirez Davalos.
Salió la monja del coro; don Gil con su pierna coja, salió acabada la misa, y don Juan, el alma loca de gozo, atisbó la reja citada, y buena juzgóla para el caso, en sí diciendo: «¿La niña, ¡eh!, si será tonta?» La media noche era dada, y aún tocaban a maitines los esquilones agudos con discordante repique, cuando don Juan de Alarcón, dichoso en amor y en lides, tomaba punto en la calle, despreciando la molicie de la cama, y sin cuidar de que en el vulgo le tilde la ronda, si se descubre o hay lance que le complique.
- Presidente Humberto Lugo Gil...
Despues de ejercitar su lápiz en el Gil Blas y otros periódicos de su ralea, Ortego marchó á París, y en aquella Babilonia de la civilizacion moderna acabó de extraviarse, halagado por el aplauso de los sectarios que veían con gusto á un español maldiciendo de las glorias de nuestros exclarecidos artistas, que en pintar la vida monacal no han tenido rival en Europa.
En la provincia de Tomebamba que es en los términos de la Gobernación de Quito de estos Reinos del Perú, a doce días del mes de Abril, año del nacimiento de Nuestro Salvador Jesucristo, de mil e quinientos y cincuenta y siete años, el Muy Magnifico Caballero Gil Ramirez Dávalos Gobernador y Capitán General de las Ciudades de San Francisco del Quito, Puerto Viejo, Santiago de Guayaquil, Loxa y Zamora y sus términos y jurisdicción por el Muy Excelente Señor Don Jurtado de Mendoza Marqués de Cañete, Guarda Mayor de la Ciudad de Cuenca, Visorrey e Capitán General en estos dichos Reinos y provincias del Perú, por Su Majestad.
Estando preparada de antemano la guardia para que a la entrada de éste hicieran honores y a la vez la orden para que a la segunda llamada de honor hicieran fuego sobre el cabecilla, estando el resto de la fuerza arreglada y dispuesta a combatir, dando por resultado que a las dos y diez minutos de la tarde se presentó ante el cuerpo de guardia ejecutándose lo dispuesto y quedando muertos el propio Emiliano Zapata, Zeferino Ortega, Gil Muñoz y otros generales y tropa que no se pudo identificar, habiéndose hecho bajas entre muertos y heridos en número aproximado de 30 hombres.
Siendo ella de las mejores Que en toda la tierra había, Está claro que tendría Infinitos compradores. Pues sin deudos ni parientes Don Gil y don Juan, ninguno Puso impedimento alguno A sus nuevos descendientes.
No era de Palencia el tal, mas su padre residía allí, porque allí tenía crecidísimo caudal. Gil era el nombre del padre, viudo desque Juan vivió, pues el muchacho nació dando la muerte a su madre.
Y aunque en paz con su conciencia Muere don Gil, buen cristiano, Aún hay un recuerdo humano Que le angustia el corazón; Hay una idea rebelde Con fuerza a su mente asida Que lucha, no con su vida, Mas sí con su religión.
A partir de esta hora llegaron los llamados generales Castrejón, Zeferino Ortega, Lucio Bastida, Gil Muñoz y Jesús Capistrán, llevando consigo un número de fuerzas aproximada a dos mil quinientos hombres.
—¡Es también amigo suyo! ¡Voto a San Gil, que me enoja tanta insolencia! ¡Ea!, tome, y agradezca la limosna.» Y así diciendo, el portero una moneda le arroja, y las espaldas le vuelve dando un portazo de cólera.