Gólgota

Gólgota

  (heb. gulgolet, arameo gulguta, gr. Golgothá)
m. Nombre con que se denomina al monte Calvario.
Traducciones

Gólgota

SMGolgotha
Ejemplos ?
Flacos, despeinados, en calzoncillos, la camisa abierta en largos tajos, descalzos como la mayoría, sucios como todos ellos, los dos mensú devoraban con los ojos la capital del bosque, Jerusalén y Gólgota de sus vidas.
II Cayó aquella alma en la mansión precita, y del golpe al estrépito violento la montaña tembló: mientras el viento su despojo mortal en lo alto agita, De la cumbre del Gólgota bendita su vuelo alzando silencioso y lento, la vista horrible de su fin sangriento el coro de los ángeles evita.
porque yo mismo mi sombra ver no pude, de cara al sol marchando constante hacia la luz; y si hoy a esta asamblea mi gratitud acude, es, Capitolio o Gólgota, para que aquí me escude bajo el pendón de España la sombra de la Cruz.
Y obligaron a uno que pasaba, a Simón de Cirene, que volvía del campo, el padre de Alejandro y de Rufo, a que llevara su cruz. 22. Le conducen al lugar del Gólgota, que quiere decir: Calvario. 23.
Uno hay mayor del Gólgota el madero; Porque en el ser de paz que allí se inclina El alma en sus anhelos se adivina Que está crucificado en el hombre entero.
Palmario, el Gólgota, frío, quedó en los aires desiertos, con sus dos brazos abiertos, predicando en el vacío… Y entonces, como en estío los insectos en los faros, innominables, ignaros, surgiendo del horizonte, rodeaban la cruz y el monte todos los muertos preclaros.
Si elevado en el Gólgota pendiente, tinto en su sangre con horror expira, a la precita gente con tiernos ojos expirando mira; y conociendo que quien tal le puso no merece perdón por parte suya, a su Madre infeliz les encomienda.
Cada vez que subía al púlpito algún jesuita, de estos que tienen pico de oro y lengua de fuego para echar pestes contra las impiedades de Draper y Straus (en Marineda perfectamente desconocidas), o algún curita joven vaciado en moldes castelarinos, de estos que hablan del «judaico endurecimiento», y de la «epopeya de la Reconquista», y de la «civilizadora luz que el sacro Gólgota irradia»...
El ángel que la seca calavera Del Gólgota dejaba, en vuelo lento, A lo lejos le vio, y en el momento Con las alas veló su faz severa.
Resignada y risueña, va hacia el lejano porvenir que sueña, y el miedo nunca inmuta el ánimo sereno con que, invencible y fuerte, de Sócrates bebió la agria cicuta, el puñal de Catón se hundió en el seno y halló en la cruz del Gólgota la muerte.
No le vi prodigando sus desvelos Al pobre y sus cariños, Prometiendo la herencia de los cielos, Ni bendecir los niños; Ni abrasado del sol de mediodía Cuya luz engalana, Implorar una gota de agua fría De la Samaritana; Ni medir el amor de Magdalena Mirándola propicio, Ni dar a sus amados en la cena Su cuerpo en sacrificio; No le vi en el Tabor transfigurado Ni vendido en el huerto, Ni al Gólgota subir ensangrentado, De su sudor cubierto.
Tierna, amorosa, celestial, Rosa inmortal del Gólgota sangriento, Faro infalible que mi rumbo guía Entre la furia de la mar y el viento; Líbrame de esos ecos misteriosos Que me atormentan en la sombra vana, Aleja esos fantasmas vaporosos Que vienen a llamar a mi ventana.