Ejemplos ?
Apolo: si otro tiempo penetrante flecha de amor te hirió, si la inhumana Dafne adoraste en vano, si en pos de ella montes y valles recorriste amante, en vano reprehendiéndote Diana, templa para cantar ninfa más bella la cítara dorada, derrama en mis cantares tal dulzura, que la suprema gracia y la hermosura sea en ellos dignamente celebrada. Canta tú los sencillos juguetes, los placeres inocentes que a la bella Francisca la ocupaban en su primera edad.
No quiero olvidarme de María y Josefa Ruíz Moreno; no quiero olvidarme de Rudecinda Porcel, de Carolina Núñez, de Francisca Navarro, de Faustina Pereyra, todas comandadas por Petrona Simonino.
Un día estaba la hermosa solitaria sentada, abanicándose, en su ventana o cierro de cristales. Francisca, echada en el suelo, se entretenía en teñir de azul con agua de añil el blanco perrito habanero de su señora.
Y cuando el pozo rebosa, cuando hay demasiados monstruos, se los echa afuera. Así la loca Francisca Martínez de Loizaga, asistida ahora en su rancho, fue despedida del manicomio tres veces en año y medio.
Oviedos (2º): Seis casas (Francisco el Viejo, Alonso, Cristóbal, Gonzalo, Pedro, y doña Francisca de Oviedo, mujer del ausente Pº Miguel); (Juan Gómez de Oviedo & Cristóbal Rúiz de Oviedo).
Gamarra quiso disuadirlo de aquella idea; pero la bella Francisca Subiaga, que también sabía comprender todo lo que era noble y generoso aprobó la resolución del joven; lo abrazó, y usando del supremo ascendiente que ejercía en el ánimo de su marido, le ordenó acceder a aquella demanda.
Aquella pobre señora creía lo contrario, y continuó: -María Rosario entrará en un convento dentro de pocos días. ¡Dios la haga llegar a ser otra Beata Francisca Gaetani!
$5.000.- Casa pequeña es para mi Mujer, en caso de fallecimiento será para mis hijas mujeres solteras y para mis nietas Legítimas Doña Elisa y Doña Mercedes Francisca Cruz Vergara.
Pizarro perdonó a su querida, a la que fue después madre de sus hijos Gonzalo y Francisca; pero mandó dar garrote a la coya, instigadora de la fuga.
De la boca del coche sacó el zagal, con gran esfuerzo, hasta cuatro baúles, de mucho lujo todos y vistosos, y una maleta vieja, remendada, que Pepe Francisca conservaba como una reliquia, porque era el equipaje con que había marchado a Méjico, pobre, con pocas recomendaciones, pocas camisas y pocas esperanzas.
Era un chiquillo enclenque, soñador, listo pero débil, y se le dio a escoger entre hacerse cura de misa y olla o emigrar; y como no sentía vocación de clérigo, prefirió el viaje terrible, dejando las entrañas en la vega de Prendes, en el regazo de Pepa Francisca.
La luna se levantaba pura y tranquila, como un corazón exento de pasiones y de inquietudes. -»Mi ama -dijo Francisca, poniéndose de un salto en pie-, ahí está el señorito de las Navas.