Fernando de Córdoba y Válor

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Córdoba y Válor, Fernando de

 
V. Aben-Humeya.

Fernando de Córdoba y Válor

 

Válor, Fernando de Córdoba y

 
V. Aben-Humeya.
Ejemplos ?
La familia fijó su residencia en Válor el Alto y añadió el nombre de Válor a su apellido, pasando a ser Córdoba y Válor, y consiguiendo el apodo de Los Valoríes. Fernando de Córdoba y Válor nacido cristiano en Granada llegó a ser Caballero veinticuatro de la ciudad de Granada, es decir miembro del cabildo municipal.
A finales del siglo XVI, el morisco granadino Fernando de Córdoba y Válor, descendiente de los Omeyas, será elegido rey de los moriscos durante la llamada guerra de las Alpujarras, cambiando su nombre cristiano por el árabe Muhammad Ibn Umayya, que pasará a las crónicas como Abén Humeya.
Aquí fallecieron la última sultana de Granada, Morayma, esposa de Boabdil, en 1493 y Abén Humeya (Muhammad ibn Umayya, cuyo nombre cristiano era Fernando de Córdoba y Válor), cabecilla del levantamiento morisco contra Felipe II en la Rebelión de las Alpujarras (1568-1571), y que fue asesinado por Abén Aboo, primo hermano suyo en 1569.
Una amplia selección de los mismos ha sido incluida en el volumen antológico Suena una música, publicado por Pre-textos (Valencia, 1996) y Renacimiento (Sevilla, 2008) D.Fernando de Córdoba y Válor, Aben Humeya (1983) El día en que mataron a Lennon (1997) El sueño de un reino (2007) Un hombre suave (Madrid, 2000) El prisionero a muerte (Sevilla, 2005) En 2002, recibió el premio Casa de las Américas de Ensayo por su obra El impuro amor de las ciudades (La Habana, 2003).
Tras la revuelta morisca de 1568, (durante la que Abén Humeya, de nombre cristiano Fernando de Córdoba y Válor, se proclamó Rey de la Alpujarra) la población morisca fue expulsada de la región tras que ésta fuese usada como su base militar.
Se nombró a Hernando de Córdoba y Válor (también encontrado como Don Fernando de Córdoba y Válor) rey de los que podríamos llamar, los monfíes de La Alpujarra, siguiendo el viejo ritual con que se entronizaban los reyes de Granada, «vistiéndole de púrpura, tendiendo cuatro banderas a sus pies, reverenciándoles y exhumando profecías».