Eleusis

Eleusis

 
C. de Grecia, en la región del Ática, al NO de Atenas; 20 320 h.
Ejemplos ?
"No era otro el objeto del 'kikeón' que tomaban los iniciados en los misterios de Eleusis; y los cristianos consagran con vino, que es también una bebida embriagadora.
Luego con una alegría cuyo fervor se manifestaba en mis lágrimas ofrecí mi oración a la omnipotente diosa con estas palabras: «Reina del cielo; sea que por encarnar la bienhechora Ceres (madre e inventora del trigo), que por la alegría de haber encontrado a su hija enseñó a los hombres a reemplazar la antigua bellota, alimento salvaje, por otros más agradables, habites los campos de Eleusis...
E1 sultán de los turcos debe bendecir a Omar; el sofí de Persia debe bendecir a Alí: hasta Marco Aurelio se hizo iniciar en los misterios de Eleusis.
Ninguno entre los Erectidas se dice que más celebrado que aquel 430 día lució; preparan convites los padres y el medio pueblo, y canciones –el vino su ingenio haciendo– no dejan de cantar: “De ti, máximo Teseo, se ha admirado Maratón por la sangre del creteo toro, y que, a salvo del cerdo, ara su Cromión el colono, 435 regalo y obra tuya es; la tierra epidauria por ti vio, portadora de la maza, sucumbir de Vulcano a la prole, vio también al inclemente Procrustes la cefisíade orilla; de Cerción la muerte vio la Cereal Eleusis.
Sean diosa tus frutos los que se crían en Eleusis, y sean dios tus viñedos como los que se crían en la India, Sea esta ciudad piedra sagrada para quitar todo motivo de cuestion entre los dioses.
Los frigios, primeros habitantes de la tierra, me llaman diosa del Pesinonte y madre de los dioses; los autóctonos atenienses me llaman Minerva Cecropiana; soy la Venus de Paphos en la isla de Chipre; Diana Dictynia entre los cretenses, hábiles en disparar la flecha; Proserpina Estigia entre los sicilianos, que hablan tres idiomas; soy Ceres, la antigua divinidad de los habitantes de Eleusis.
Por vuestra mano, que fecunda la tierra, por las alegres ceremonias de la siega, por los secretos misteriosos de las gavillas, por el carro arrastrado por dragones que os obedecen, por los surcos de la fértil Trinacria, por los demonios de Proserpina, por la tenebrosa escena de su lúgubre himeneo, por las antorchas, a cuya luz salisteis de los infiernos después de verla, por todas las restantes consagraciones que vela con misterioso silencio el santuario ático de Eleusis: tomad bajo vuestra protección la vida de la infortunada Psiquis, que os invoca rendidamente.
Atis resucitado, Osiris resucitado y Adonis resucitado lo atestiguan. Los misterios de Samotracia y de Eleusis eran en el fondo inspirados por la Primavera.
Claudiano floreció en un tiempo en que era permitido revelar los misterios de Eleusis y todos los misterios del mundo: vivió en tiempo de Honorio, en la decadencia total de la antigua religión griega y romana, a la que Teodorio I había dado ya un golpe mortal.
n la mitología griega, Procusto (del griego antiguo Προκρούστης Prokroústês o Procrustes, literalmente 'estirador'), también llamado Damastes ('avasallador' o 'controlador'), Polipemón ('muchos daños') y Procoptas, era un bandido y posadero del Ática (o según otras versiones a las afueras de Eleusis).
Torres, Valencia, 1975 La infancia recuperada, ensayo, Taurus, Madrid, 1976 La filosofía como anhelo de la revolución, ensayo, 1976 Apóstatas razonables, ensayo, Madrágora, Barcelona 1976 (Ariel sacó en 2007 una nueva edición ampliada) Para la anarquía y otros enfrentamientos, ensayo, Tusquets, Barcelona, 1977 La piedad apasionada, ensayo, Ediciones Sígueme, Salamanca, 1977 Conocer Nietzsche y su obra, ensayo, DOPESA, Barcelona, 1977 Panfleto contra el Todo, ensayo, DOPESA, Barcelona, 1978 (Alianza Editorial, 1982) El estado y sus criaturas, ensayo, Ediciones Libertarias, Madrid, 1979 Criaturas del aire, ensayo, Planeta, Barcelona, 1979 Caronte aguarda, novela, Cátedra, Madrid, 1981 La tarea del héroe, ensayo, Taurus, Madrid, 1981 Juliano en Eleusis...
Wasson y el botánico Jonathan Ott. Este artículo fue recogido posteriormente en el libro El camino a Eleusis. Según la antropología física y la psicología, el enteógeno tiene efectos psicoactivos, generalmente alucinógenos.