Ejemplos ?
Cuéntame eso, duque -Dijo volublemente Eleonora echando uno de sus brazos al cuello de su marido y dejando sobre sus rodillas el sombrero adornado de conchas.
Así, el estudiante a quien en tan ligero equipo hizo bailar aquella célebre zarabanda la debió su fortuna y el capitán de guardias la restitución del regio amor que le había robado. — ¿Duque, ¿te parezco bien así? -dijo un día Eleonora presentándose a su marido, vestida de peregrina. — ¡Encantadora!
¡A Santiago!... — Sí, señor. — ¿Eleonora piensas en lo que dices? — Con toda la seriedad de que soy capaz, duque. — ¿Has olvidado la adorable revelación que anoche me hiciste?
¿Quién no ha oído hablar del genio burlón y aventurero de la hermosa Eleonora de Olivar, duquesa de Alba? Emanación brillante del sol andaluz, la hechicera sevillana entró un día como un ardiente torbellino en la austera corte de Carlos III despertando los graves ecos de su alcázar con las risas de su inagotable alegría.
En su nariz cabalgaban anteojos de cristales ahumados y se reconocía el esfuerzo de aquellos ojos cubiertos, por la forzada inclinación del cuello sobre el atril. Lucio me preguntó: —¿Seguís con Eleonora?
El silencio del salón oscuro penetraba nuestros espíritus, desplegándolos para los grandes espacios de recuerdo e inquietud. —Decime, ¿por qué rompiste con Eleonora?
-Yo soy aquella que te inspiró el amor heroico; yo fui la Judith de tu Biblia, la Corday de tu fantasía, la Eleonora de tu corazón, la Eloísa que no sabe olvidar, la Julieta que sabe morir.
Tal el caso de la enduendada Eleonora Duse, que buscaba obras fracasadas para hacerlas triunfar, gracias a lo que ella inventaba, o el caso de Paganini, explicado por Goethe, que hacía oír melodías profundas de verdaderas vulgaridades, o el caso de una deliciosa muchacha del Puerto de Santa María, a quien yo le vi cantar y bailar el horroroso cuplé italiano O Mari!, con unos ritmos, unos silencios y una intención que hacían de la pacotilla italiana una aura serpiente de oro levantado.
entonces quizá... pero ella me ha querido también... ¿no es verdad que me quisiste, Eleonora?" —Dejó de llover... Salgamos. —Vamos.
En nuestros días Eleonora habría sido horriblemente calumniadas; pero en aquellos benditos tiempos se tenía más confianza en una mujer honrada, y el duque de Alba y a ejemplo suyo toda la corte, veneraban profundamente la virtud de la duquesa, ¡Honor a la fe de nuestros mayores!
Pero si Eleonora era burlona no era maligna, como lo son generalmente aquellos que tienen ese odioso carácter. Ni con sus chistes, ni con sus locuras, jamás hirió el amor propio, ni la sensibilidad de nadie.
Leí en voz alta: Yo te adoro al igual de la bóveda nocturna ¡oh!, vaso de tristezas, ¡oh!, blanca taciturna. "Eleonora —pensé—. Eleonora." y vamos a los asaltos, vamos, como frente a un cadáver, un coro de gitanos —Che, ¿sabés que esto es hermosísimo?